sábado, 23 de septiembre de 2017

BUSCANDO UN MUERTO

                          La calma del encinar
                          BUSCANDO UN MUERTO

                                              Tomás Martín Tamayo
                                              tomasmartintamayo@gmail.com
                                              Blog Cuentos del Día a Día


He estado unos días aislado, física y mentalmente, y al volver un amigo me pone frente al desasosiego de los acontecimientos de una forma muy efectiva y resumida: “Deberías haberte quedado donde estabas”. Pero  uno no puede quedarse indefinidamente en la contemplación de las flores de cactus y, como en el tango, “siempre se vuelve al primer amor”. Me fui con el aberrante disparate de Cataluña y al volver me encuentro con un centenar de energúmenos que, en defensa de su chistoso concepto de la democracia, impiden a la policía cumplir con el mandato judicial de entrar en la  sede/cochiquera de unos pocos, la CUP o parecido, que son los que llevan el timón del independentismo en la sufrida Cataluña. ¿Y Puigdemond? Está colocándose el peluquín para salir más bonito. Todos están buscando un muerto para victimizarse.

 España está en las portadas del mundo por esta “crónica de un golpe de estado anunciado”, como México, lindo y querido, lo está por el nuevo cataclismo surgido de sus entrañas. La diferencia es que el seísmo dio su zarpazo sin avisar, en el mismo sitio y a la misma hora, 32 años después de aquel otro que se llevó a 10.000 víctimas, mientras que los chulapones del golpismo catalán, los ideólogos del viejo fascismo, hoy, todavía, siguen libres, anunciando sus propósitos golpistas, amparándose en la protección de unas leyes que desprecian y quieren pisotear, pero viviendo como dictadores africanos con nuestro dinero. No establezco comparación alguna, es solo temporal, entre un seísmo y otro, pero repugna más la soberbia y altanería de unos tiparracos que juegan descaradamente con las bases fundamentales de nuestro sistema y, al mismo tiempo que desprecian al Tribunal Supremo o Constitucional, acuden a su amparo para que protejan su derecho a dar un golpe de estado. ¿Se puede tener más cara y ser más sinvergüenzas? Pues ahí tenemos a los tribunales estudiando sus demandas.

 ¿Somos unos locos o somos unos locos? Somos unos gilipollas. España, con tantas garantías y proteccionismos, es “Gilipollandia”, un país tan tolerante con los delincuentes de altura y pedigrí, que es capaz de soportar años y años que una comunidad se vea pisoteada y en el desgobierno absoluto por una banda que, después de dedicarse al trinque más descarado, todavía se cabrean porque no los dejamos separarse para poder trincar más. A río revuelto, ganancia de pescadores.  El molt honorable Pujol  y su banda siguen en la calle y protestando indignados porque, pobrecitos, la pérfida España no los deja poner fronteras en lo que creen que es su cortijo. ¿Y a Mas, el otro que tal, le han incautado ya sus propiedades? Ay que me da la risa.

Cataluña lleva muchos años chapoteando en el fango y desasosiego que unos desalmados imponen desde las instituciones, con la colaboración necesaria de otros, tan desalmados como ellos, que al socaire de un estrafalario “derecho a decidir”, son capaces de alinearse hasta con el expeditivo recurso del tiro en la nuca, que no deja de ser también un derecho a decidir del pistolero. Y hablando de los que hablan, no olvidemos a los que callan. ¿Dónde están los pio, pio de las comunidades autónomas, los intelectuales, universidades, las altas cabezas pensantes, alcaldes de capitales, presidentes de diputaciones y todos esos “pepitos grillos” que saltan sobre cualquier ñoñería de la actualidad para lucir palmito y decir “aquí estoy yo”?

Con todo, sigo en el tango: “hoy guardo escondida/ una esperanza humilde/ que es toda la fortuna/ de mi corazón”.




sábado, 16 de septiembre de 2017

EL TÚNEL DE MIRAVETE

                          La calma del encinar
                          EL TÚNEL DE MIRAVETE

                                                Tomás Martín Tamayo
                                                tomasmartintamayo@gmail.com
                                                Blog Cuentos del Día a Día

Hace años escribí que el túnel de Miravete es la frontera entre lo excelso y la mediocridad, porque todo depende de en qué lado del túnel se esté. Si en la parte interior se escribe una novela, pongamos “Aunque sean soberanos los empeños” de Agustín Muñoz Sanz,  “Sin raíces” de Víctor Chamorro o “La agonía del búho chico” de  Justo Vila, como lo han hecho en este coto provinciano que es Extremadura,  apenas trasciende, el eco es mínimo, se ignora incluso entre sus vecinos y en la mayoría de nuestros medios de comunicación. Y a Dios pongo por testigo de que sé de lo que hablo y que no lo hago por mí, que también podría.

Han pasado años, pero la situación sigue siendo la misma y aunque la referencia hizo fortuna en su día, porque son muchos los que acuden a ella y señalan al túnel como frontera, tampoco faltaron papanatas que se sintieron aludidos  porque ellos estaban en  la pomada de manigeros y no podían aceptar que lo que hacían aquí tuviera menos repercusión que lo de la otra parte del túnel.

¿Estoy diciendo que para triunfar en cualquier disciplina es necesario salir de Extremadura? Mejor sí, así lo creo. Desde aquí dentro, salvo la honrosa excepción del dramaturgo Manuel Martínez Mediero, que logró catapultar su obra sin salir de Extremadura, es prácticamente imposible trascender porque incluso nosotros mismos reservamos las alabanzas hacia todo lo que llega de  fuera. Ya se sabe, del túnel para allá, hasta Mozart suena mejor.  Hoy, como excepción puntual, me permito señalar a Jesús Sánchez Adalid, aunque mejor le iría si hubiera dejado el túnel atrás.

Muchos de los  prohombres del panorama literario actual lo son porque están al otro lado. Landero, Cercas  o Carrasco (“Intemperie”, qué maravilla), son lo que son por méritos propios, pero también porque respiran otros aires. Que nadie crea que resto méritos a sus obras, sé que fuera no atan los perros con longanizas y que si no hay un sustento de calidad no se llega pero ¿es suficiente la calidad para triunfar desde Extremadura? ¿Con esas mismas obras hubieran llegado desde aquí? He ahí un dilema doble que yo creo resuelto: No y no.

Desde aquí, por referirme solo a los poetas, incluso los mejores, como Jesús Delgado Valhondo, Lencero, Pacheco, Álvarez Buiza, Ada Salas Plácido Ramírez, Sánchez Pascual, Pérez Walias, Santiago Corchete, Féliz Morillón, José Iglesias Benítez, Daniel Casado…  pasan de puntillas y a  nadie se le ocurriría proponerlos para un reconocimiento tipo “Premio Cervantes”. Y creo que solo Valhondo y Pacheco tienen la Medalla de Extremadura, un galardón que desde que se abrió a propuestas dispares  y de coleguitas, cada día se devalúa más. A este paso el mérito va a consistir en no tenerla.

  Nosotros aplaudimos lo que se aplaude fuera y despreciamos  la obra silenciosa que se hace en esta parte del túnel. Si son vecinos o gente que se toma la caña a nuestro lado… ¡Poquita cosa! Somos muy papanatas y nos dejamos deslumbrar por la cohetería que nos llega. ¡Pero si un alfeñique que vino de la nada, llegó a gobernarnos con Monago! Así nos va.

Algún día, si estoy de humor y viene al pelo, escribiré también de los columnistas extremeños, que esa es otra. Como dice Bart Simpson: “No prometo prometerte que te lo prometeré ahora, pero prometo prometerte que te lo prometeré algún día”. Ese día no ha llegado.




sábado, 9 de septiembre de 2017

CULTURA Y LENOCINIO

                         La calma del encinar
                         CULTURA Y LENOCINIO

                                                        Tomás Martín Tamayo
                                                        tomasmartintamayo@gmail.com
                                                        Blog Cuentos del Día a Día

No creo que nadie preocupado, relacionado o involucrado en la Cultura pueda sentirse satisfecho con nuestra penosa situación actual, porque en ella estancarse es retroceder y, desde luego, este puede ser uno de los momentos culturalmente más sombríos de la etapa democrática. Como si la Cultura fuese una de esas asignaturas consideradas “marías”, la asumió el propio presidente de la Junta que, si con los líos de partido en los que lleva  casi toda la legislatura, apenas tiene tiempo para serenarse, al becerrillo de la Cultura no le da ni un capotazo. Es que ni para disimular. Si el gobierno de la Junta está casi ausente, el consejero de Cultura es que no está de ninguna forma. Ni se le espera. Vara debería quererse menos y cesarse de inmediato.

 No digo que el presidente sea un hombre inculto, pero desde luego en su mundo no está la Cultura ni la Cultura está en su mundo.  ¿Que por qué? No lo sé. Guillermo Fernández Vara es un hombre de alta complejidad, al que hace mucho dejé de traducir porque el bucle de sus piruetas mentales es excesivo para mí simplicidad. Y me mareo. No entendí, no entiendo ni entenderé jamás la doble personalidad y ser diferente dependiendo de si se está en la oposición o en el poder. Sencillamente, con Vara me quedo en el vacío, en la nada metafísica, en la superficie de una profundidad que se me escapa porque, como la línea del horizonte, se aleja si me acerco. Amén.
 
Pero aunque ponga punto y aparte, es un amén de punto y seguido porque se detectan sarpullidos, añoranzas en los  antaño visitadores de mancebías culturales, aquellos que se creían propietarios de la cosa  porque durante un tiempo la administraron con la misma prepotencia que una madama de lenocinio.  Para ellos no hubo ni hay antes y después, porque  toda la gloria quedó en el paréntesis de su paso efímero por una cultureta bien amañada entre amigos, siempre prestos a mojar en el generoso puchero de sus mecenas particulares. Mecenas que disparaban generosamente con nuestra pólvora, claro. Algunos demostraron cierta vergüenza y después de los días al sol pasaron a la sombra sin ruido, pero los cebollinos presuntuosos, los junta letras engominados e incapaces de levantar la vista de su ombligo,  siguen de guardia y andan quejosos porque se ponen la mano detrás de las orejas y solo oyen el ruido de sus tripas. Pero como todo no puede ser malo en todo, la crisis sopló los jaramagos de tanta pobreza intelectual, de tanta pitanza pringosa y hemos de reconocer -¡vaya mérito!- que entre la penuria de hoy y la de los chupópteros ripiosos de ayer algo hemos ganado porque, además de perderlos de vista, hemos dejado de alimentarlos. A ellos y a sus tristes egos. ¡Que sigan rezando al que los puso y maldiciendo al que los quitó, pero que no vuelvan a poner su zarpa en la Cultura! Les va mejor llorar y manifestar su resentimiento.

En la Cultura siempre hay espacios vacíos y medio llenos, porque el presupuesto nunca es generoso y dinamizarla cuesta mucho dinero. Un dinero que no tenemos porque hay sectores más urgentes y prioritarios. Es difícil torear un morlaco tan diverso y resabiado, pero mejor es no perder la esperanza y creer que después de este tiempo, ciertamente sombrío, lo que llegue será mejor. A peor es difícil.
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sábado, 2 de septiembre de 2017

GESTOS

                           La calma del encinar
                           GESTOS

                                                        Tomás Martín Tamayo
                                                         tomasmartintamayo@gmail.com
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Necesito abrazar a un musulmán”, afirmó Javier Martínez, el padre del niño de 3 años asesinado en La Rambla por el pirado de la furgoneta zigzagueante. Y para dar satisfacción a la necesidad, salió a la puerta de una mezquita y llevando del hombro al imán de Rubí, lo abrazó ante todos los medios. El imán lloraba tapándose la cara y el padre del niño lo consoló”. ¿Conmovedor? Para mí fue un gesto histriónico e innecesario por su exhibición pública. ¿Necesitaba abrazar a un musulmán y, además, necesitaba hacerlo de forma tan  ostensiblemente pública? ¿Un abrazo para que se viera? ¿No servía un abrazo sentido en la intimidad? Entiendo que el dolor puede entorpecer el juicio y empujar hacia estos gestos que lo único que delatan es cierto desajuste emocional. Su buenismo llegó hasta sentirse “solidario con el dolor de los familiares de los terroristas”, recordando agradecido las llamadas de varios alcaldes y de la Casa Real, porque “somos muy, muy, muy, muy personas” (¿?). Después quiso conocer a la forense que había atendido a su hijo: “Que sepas que acabas de hacerle la autopsia a un ángel”. Gestos. Gestos que no censuro, pero que tampoco entiendo, aunque imagino que ese señor estaba roto de dolor. Nuestra educación es expansiva en la gestualidad y quién sabe lo que hay detrás de cada gesto. No somos ingleses.

 Tiberio decretó el destierro de dos senadores porque habían osado interpretar sus gestos: “Solo yo puedo interpretarlos”. Uno de ellos había ido a pedirle clemencia para un hermano que, como recaudador, había “distraído” parte de los impuestos. El senador se comprometió a devolverle al emperador el triple de lo robado por su hermano y Tiberio, benévolo y paternal,  asintió con la cabeza y lo llevó del brazo hasta la puerta. El senador interpretó el gesto como un perdón y fue hasta la casa de su hermano para darle la buena nueva, pero al llegar vio su cabeza clavada en el dintel de la puerta. “Tu hermano era un ladrón y tú un temerario por atreverte a interpretarme, porque el mismo gesto puede indicar una cosa o la contraria, según me parezca”. El atrevimiento le costó el destierro.

¿Cómo interpretamos el gesto del rey, asistiendo a la primera manifestación en la que participa la Corona? ¿Por qué ahora y por qué en Cataluña? Ha habido actos terroristas con casi doscientas víctimas y, aunque nunca faltó la solidaridad de la Casa Real, a la hora de las manifestaciones siempre permaneció al margen. Al respecto, dos preguntas: ¿Hubiera asistido si la manifestación es en Cáceres o Toledo? Una vez inaugurado el ciclo, ¿asistirá el rey a las manifestaciones futuras? Eso apretará mucho su agenda y su tiempo para los imprevistos.

¿Y el gesto de Rajoy, supuestamente serio, cuando afirma con rotundidad que no habrá referéndum en Cataluña? ¿Indica que no habrá referéndum o con su negativa está afirmando que puede haberlo porque, en no pocas ocasiones, sus negativas son afirmaciones y sus afirmaciones, negativas? Como Tiberio, solo él puede saberlo.

Otro gesto difícil de entender es el de los aprovechados que, al socaire de una manifestación contra el terrorismo, sacan sus bravatas separatistas, porque les importan menos las víctimas que sus delirios.

Tiberio llevaba razón, los gestos no son interpretables y en el circo,  el mismo movimiento de cabeza puede indicar muerte o perdón. “Eso es según”, decía Machaquito cuando se le ponía en una encrucijada.
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domingo, 27 de agosto de 2017

                         DOS EUCALIPTOS

                                                      Tomás Martín Tamayo


Todo comenzó con aquella lluvia, sucia y perezosa, que al caer como metralla dejaba rosetones amarillos sobre las paredes encaladas del viejo cementerio. El Cementerio de los Italianos.  Algo impropio en un mes de julio en Campillo de Llerena, un trozo de la Campiña Sur extremeña, en la que el estío abrasa inmisericorde y la tierra sedienta se agrieta, se abre  como una granada y enseña sus entrañas por la sequedad que la abrasa. La lluvia de aquel atardecer, envalentonada, arreciaba sobre las pobres bestias, que apenas lograban seguir la senda de la carretera, cegadas por el agua enfangada que el cielo escupía con furia sobre ellas, taladrándoles los ojos y golpeándoles los belfos, hasta casi impedirles respirar. El perro se negó a seguir y gimiendo saltó del carro y se refugió en un cañaveral, huyendo con el pelo erizado y la cola perdida entre sus patas traseras. Las aves desaparecieron, los grillos callaron y sobre la comitiva, dos hombres, un carro, dos mulas y un perro huido, se enseñoreaba el manto cerrado de una lluvia que caía con odio, ocultando incluso los nubarrones pardos que aceleraron el tránsito hacia la noche.

 En un cruce de caminos, las mulas  se pararon, agotadas, resoplando temerosas. Comenzaron a recular,  mientras los arrieros, protegidos por una lona que mal cubría el carro, se apresuraron a bajar antes de que los inquietos animales los tiraran sobre el fango pegajoso,  que les alcanzaba los tobillos. La tarde cedió y se hizo noche oscura bajo el manto de agua, mientras el cielo descargaba rayos que iluminaban todo el entorno. A lo lejos, tal vez empujada por la lluvia y el viento, se oía el lamento de una campana que servía, como un faro auditivo, para orientar a los caminantes hacia puerto seguro.

Los arrieros se miraban sin hablar, ateridos por el frío que arrastraba una lluvia insistente, que buscaba los resquicios de la ropa y les empapaba la piel como una esponja. La lluvia olía a tierra y estiércol. Las mulas resoplaban y los arrieros apenas podían sostener las bridas y las cinchas que las ataban al carro. Un rayo cayó en la cuneta, casi a sus pies, iluminando la pared de un viejo corralón desde el que llegaba algo parecido a una queja coral que seguía las pautas de la campana lejana. Se miraron, señalaron la tapia y decidieron protegerse en ella.

Al acercarse, las voces se aclararon y llegaron con nitidez algunas estrofas:

                                   Salve, o popolo d´eroi,
                                   Salve o patria inmortale.
                                   Son rinati y figulino tupi
                                   Con la fede e l´ideale…


-¿Italianos, cantan en italiano? -Gritó uno en el oído de su compañero.
-¡Claramente! Los que cantan al otro lado de la pared son italianos.

Aseguraron las mulas  y recorrieron la tapia hasta llegar a una puerta de hierro, con una cadena que aprisionaba las dos hojas, unidas por un candado oxidado.

-Esto… ¡Joder, esto parece un cementerio!
-Sí, aquella pared del fondo… ¡Son nichos! ¡Es un cementerio!
-¿Y quiénes cantan?
-Los que cantan no lo sé, pero desde luego son italianos. Y las voces llegan desde esos dos eucaliptos…
-Ay, Dios, creo que la campana que se oye lejos es la de la Iglesia de Campillo de Llerena y que… Ay, Dios…

El arriero calló mientras se restregaba los ojos para liberarlos de la lluvia embarrada.

-¿Y que qué? ¿Ay, Dios, qué?
-¡Pues que este es el Cementerio de los Italianos!
-¿Un cementerio de italianos aquí?
-Sí, son italianos, legionarios de la brigada “Frecce Azzurre”, que murieron en la sierra de los Argallanes.
-¿Que murieron y están cantando? ¡Dios mío, qué miedo, vámonos corriendo!

La lluvia cesó al concluir el coro su canción, la noche precipitada devolvió protagonismo a la tarde agónica, las mulas recobraron la calma y el perro volvió al carro. En el cielo un bando de estorninos en retirada hacía olas y se afilaban en punta, con arabescos de encajes. Los arrieros llegaron a la posada y contaron, contaron, contaron….

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Mi memoria infantil sigue encorsetada en las calles y plazas de mi pueblo, Campillo de Llerena. Impregnado del amarillo de sus campos y con la banda sonora que imponía la cigarra, el grillo, los gorriones, los jilgueros  y el crotorar de la cigüeña, que acariciaba el pueblo desde la torre de la Iglesia, encima de la campana que soltaba el viento.  Nací en el 14 de la calle San Bartolomé, tras un parto complicado porque “vine de nalgas”, pero entre mi abuela Cornelia,  mi tía Antonina y María Rubio, una vecina a la que siempre quise como de mi familia, aliviaron la pesadilla y cuando llegó don Jacinto, el médico, apenas tuvo que abrir su maletín. Se decía que don Jacinto, médico sabio y experimentado, siempre llegaba tarde a los partos, para que la naturaleza pudiera hacer su trabajo sin injerencias.

En las calles de Campillo, las cuatro esquinas, el colegio Eulalia Pajuelo, sus eras y parvas, el castillejo, huertas y encinares están mis primeros recuerdos, el latido de mi infancia, ese que permanece y del que uno no logra desprenderse. En mi caso tampoco lo quiero, porque en Campillo fui un niño feliz y dediqué mis diez primeros años de vida a lo fundamental, jugar, ver,  correr, aprender e identificar los sonidos y sinfonías del latido de un pueblo sosegado, en el que la vida transcurría marcando las rotundas estaciones del año. En Campillo están mis primeros miedos y emociones, mis sueños y fantasías. No puedo evitar un estremecimiento, cada vez que vuelvo, al pasar por “la huerta de la graná”, por los picachos del castillejo y, sobre todo, por el Cementerio de los Italianos.

Ahora, cuando paso a la altura del Cementerio de los Italianos, miro y sólo veo cuatro paredes encaladas, aunque los dos eucaliptos siguen vigilando el entorno. Para quienes no conozcan el trasfondo puede ser un aprisco para el ganado,  un cortinal, el cercón de una parcela o la pared que protege a alguna heredad, pero en su día, al pasar por allí nos santiguábamos porque aquello era un lugar sagrado. En el Cementerio de los Italianos estaban enterrados veintidós legionarios de la brigada “Frecce Azzurre” y siete españoles, caídos casi todos en los combates de la sierra de los Argallanes.

 Entre los siete españoles, recuerdo la lápida de un campillejo,  el alférez Emiliano Martín Enciso, que fue entregado a su madre con la ropa ensangrentada, horadada por cuatro disparos.  Un campillejo que estuvo presente en el mitin que dio José Antonio Primo de Rivera en el Teatro Norba, de Cáceres, el 19 de enero de 1936. El líder de la Falange, al verlo con una camisa blanca, se quitó su camisa azul y se la entregó… Lo enterraron con ella.

La peripecia de los arrieros puso un atractivo especial en aquel recinto  y algunos días, al salir de la escuela, íbamos al Cementerio e indagábamos en cada una de la tumbas, que para nosotros encerraban un misterio insondable. Casi todas las lápidas estaban rotas y entre los restos de todos aquellos seres desconocidos, llegados desde Italia, alguno con 18 años, se encontraba siempre una botella lacrada que guardaba la identidad del soldado muerto. Cuando  concluyó la construcción de El Valle de los Caídos, se llevaron todos los restos, con las botellas que los identificaban y se levantó el cementerio, como se levanta un campamento militar. Desde entonces, sólo queda allí un túmulo hecho con cascotes de las tumbas levantadas, unos nichos tapiados y los dos enormes eucaliptos, que siguen vigilantes desde 1939 y que se sembraron para simbolizar la unión eterna entre españoles e italianos.

En Campillo de Llerena teníamos pocos asideros para soltar la imaginación y allí, entre aquellas paredes del cementerio, encontrábamos el nutriente para nuestra fantasía infantil. En aquel cementerio, con toda su simbología, con su enorme carga de dramatismo y el atractivo añadido de todo lo que ni se explica ni se entiende, imaginábamos las aventuras, las batallas y las situaciones personales de los soldados enterrados. Tan lejos, tan olvidados.


Eso sí, antes de ponerse el sol nos alejábamos apresuradamente del lugar, porque teníamos asumido que al anochecer los legionarios italianos salían para cantar, en torno a los dos eucaliptos, canciones de su tierra. No sé si las oí o me lo contaron, pero yo sigo recordando:

                                    Salve, oh pueblo de héroes,
                                    Salve, oh patria inmortal,
                                    Tus hijos han renacido,
                                    Con la fe y el ideal…


¿Pasó o fue todo un sueño? Pasa todo lo que creemos y cuando los sentidos y los sentimientos acarician nuestra piel, mejor es creer que analizar lo que creemos. El cementerio estuvo, los soldados italianos estuvieron y si al pasar por allí al atardecer, se oye o se siente un canto de añoranza, podemos pararnos y escuchar o seguir andando y negar.
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sábado, 24 de junio de 2017

ORGULLO GAY

                                    La calma del encinar
                           ORGULLO GAY

                                                           Tomás Martín Tamayo
                                                           tomasmartintamayo@gmail.com
                                                           Blog Cuentos del Día a Día


La respuesta a la represión suele ser la algarabía, el exceso y la excentricidad. A veces también la ira. Así podemos entender que homosexuales, lesbianas y demás estaciones de diversidad sexual, muestren euforia festiva para celebrar su condición, como si la misma fuera un hecho extraordinario, de los que rompen esquemas, desalambran y abren fronteras. Se sienten orgullosos por ser gais, como si los demás nos avergonzáramos de nuestra condición de heterosexuales. Oyendo a algunos/as, parece que la homosexualidad la han inventado ellos. Después de la tempestad llegará la calma y cuando ser homosexual no sea un signo diferenciador, cesarán estas manifestaciones que en algunos aspectos chirrían.

Me parece normal que, todavía, el desfogue estridente siga siendo como un grito de guerra para ellos, porque durante siglos, con paréntesis muy cortos, han estado perseguidos, señalados, marginados, encarcelados y sufriendo otras medidas más injustas e infamantes, porque hay países donde, todavía,  la homosexualidad se paga con la horca. En España la homosexualidad no estaba penada por la Ley, pero al homosexual, al menor parpadeo, se le aplicaba la “ley de peligrosidad social”, que era una especie de cajón de sastre, donde cabía cualquier conducta que se considerara atípica o contra las “buenas costumbres”, dejando ese juicio al criterio del censor de turno, porque entre los homosexuales también había clases y los que pertenecían a estatus sociales altos, parece que eran menos homosexuales que los del arrabal.
 



No hablo de memoria, he tenido alumnos en la prisión de Badajoz cuyas penas estaban envueltas en la justificación de delitos menores, pero la causa real era su inclinación sexual. ¿Se curaban, modificaban su tendencia después de unos años de cárcel? La pregunta es tan retórica como estúpida, lo sé. Los centros penitenciarios de Badajoz y Huelva, supuestamente, estaban “acondicionados” para el tratamiento de homosexuales, aunque jamás supe en qué consistía el “acondicionamiento”, ni cuales eras las pautas a seguir para el “tratamiento”, aunque, como maestro, yo debía ser uno de los especialistas “capacitados” para modificar la conducta de mis alumnos. Nunca creí en semejante tontería y jamás recibí una instrucción al respecto, lo que viene a demostrar que la de Badajoz y  la de Huelva, eran prisiones como todas las demás, pero con la singularidad de un nombre diferente.

Durante diez días celebrarán en Madrid la Word Pride (capitalidad mundial de la diversidad sexual),  en la que se darán cita  más de tres millones de participantes. No es asunto menor porque el turismo LGTBI mueve más de 6000 millones de euros/año en España y, al margen de esta fiesta mayor, se prodigan reivindicaciones/celebraciones en la práctica totalidad de las comunidades y capitales. En Badajoz tenemos la “Fiesta de los palomos”, que puede considerarse como un ensayo de la del Orgullo Gay. Y al rebufo del movimiento, no dejan de surgir guiños oportunistas y exagerados. En Villanueva de la Serena, van a levantar un monumento para recordar a Paco, “El Chocha”, un homosexual muy conocido porque distribuía la prensa, pero al que no se le reconoce otro mérito extraordinario que el de ser homosexual.

Creo que en España la diversidad sexual está tocando cotas de normalidad y que,  aunque queden refugios carpetovetónicos, no hay discriminación y, si la hay, es positiva porque en algunos sitios se puntúa para acceder a viviendas sociales e incluso para perpetuarse en monumentos. O trabajar en Telecinco.


Y a descansar, en septiembre volveré,  si Dios quiere y con permiso de la autoridad.

sábado, 17 de junio de 2017

CICLISTAS, ALTO RIESGO



                     La calma del encinar
                     CICLISTAS, ALTO RIESGO

                                                          Tomás Martín Tamayo
                                                          tomasmartintamayo@gmail.com
                                                          Blog Cuentos del Día a Día

Dejé la bicicleta poco antes de que la bicicleta me dejara a mí, pero hubo años en los que superamos los ocho mil kilómetros e hicimos hasta cuatro veces  Badajoz –Guadalupe, para bautizar en la fuente a los nuevos “caballeros ciclistas”. Sé lo que es domar el duro cuero del sillín, he oído el silencio del pelotón cuando los repechos se presentan y he disfrutado de esos momentos de llaneo y plenitud, en los que solo habla la cadencia de los engranajes de las cadenas, el aliento y el viento.

Dejé la bicicleta cuando tenía que duplicar el esfuerzo para no quedarme descolgado, aunque sé que hay compañeros que, diez años después, siguen pedaleando a buen ritmo. La bicicleta exige mucha constancia y no perdona ni un kilo, ni una noche de insomnio, ni un exceso, ni una preocupación… ¿Se entenderá que respete tanto a los ciclistas? Los adelanto con delicadeza, para que no les roce ni el soplo al pasar y todavía siento un pellizco cuando los veo, porque me gustaría estar entre ellos, buscando una buena rueda y dosificando las fuerzas, como nos enseñó Vicente Giralt, “El Maestro”. He visto caídas colectivas, estrepitosas, brazos y piernas rotas, cascos partidos contra las peñas, pero todo eso era asumible. ¡Lo de ahora no lo es!
 
El pasado lunes HOY publicaba una viñeta gráfica de Sansón en la que un ciclista, perfectamente equipado, casco ergonómico incluido, temblando se despedía de  su familia, antes de subirse a la bicicleta. Como si fuera a la guerra. Sé que es una caricatura de la realidad, pero las caricaturas, sin son buenas, suelen parecerse al modelo original. El ciclismo deportivo en España está alcanzando cotas de alto riesgo, como evidencia su mortalidad y es un indicativo de que algo estamos haciendo mal, o no estamos haciendo, porque duplicamos los accidentes mortales de Holanda, en la que la bicicleta es un medio de transporte cotidiano. Por cada ciclista en España hay cincuenta en Holanda, pese a que los triplicamos en habitantes.

 ¿Más riesgo efectivo que el toreo, el motociclismo, la Fórmula 1, el alpinismo, el paracaidismo, el surf…? Mucho más. ¿Más del que corren los militares desplazados, los bomberos, taxistas, agentes policiales, especialistas en explosivos…? Sí, a juzgar por los decesos. La racha luctuosa de los últimos tiempos no es producto de la casual fatalidad y algo falla cuando un deporte  tan gremial, pacífico y esforzado, deja tantas cruces en los arcenes. ¿Es también casual que la mayoría de los conductores que propiciaron los arrastres mortales de grupos de ciclistas, dieran positivo en alcohol, drogas o en las dos cosas a la vez?

Cuando comenzaba este artículo, las sirenas de los informativos ululaban de nuevo: “Muere otro ciclista atropellado por un conductor drogado, en Oliva (Valencia)”, “Ciclista atropellado en Navarra”, “Muere un ciclista al colisionar con un turismo en Alicante”, “24 ciclistas muertos en los seis primeros meses del año”. Me resisto a creer inevitable que la muerte de ciclistas atropellados en la carretera, abra portadas e informativos, aunque las licencias federativas se hayan duplicado en los últimos diez años. El ciclista es consciente de su fragilidad y –siempre hay excepciones- no suele exponerse, compitiendo fuera de su espacio. Que en los atropellos medien alcohol, drogas y desalmados que se dan a la fuga  ya es un indicativo. Creo que, además de lamentarnos, hay medidas que esperan. Y ya están inventadas.
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sábado, 10 de junio de 2017

ABRIRSE DE PIERNAS

                          La calma del encinar
                          ABRIRSE DE PIERNAS

                                              Tomás Martín Tamayo
                                              tomasmartintamayo@gmail.com
                                              Blog Cuentos del Día a Día

Tan extremas son las feministas iracundas que acaban en la misandria como los antifeministas ceporros que concluyen por rechazar cualquier propuesta, por sensata que sea, que proceda del feminismo. Esta semana ha sido noticia que dos asociaciones madrileñas, “Mujeres en lucha” y “Madres estresadas” han promovido una iniciativa para que los usuarios masculinos del servicio de autobuses urbanos no se “desparramen” en sus asientos y respeten el espacio de los demás. Muy delicado me parece el término de la solicitud, porque el correcto, el que recoge el DRA, es despatarrarse y nada tiene que ver con el machismo ni con el feminismo, porque es un tema que debe circunscribirse al ámbito de la educación, la sensibilidad, la delicadeza y el respeto a los demás.


Ocupar un espacio que no nos corresponde, abriendo las piernas hasta invadir el indeterminado pero lógico de los asientos contiguos, es un acto incívico,  una agresión a los derechos de los demás y da igual que el agredido sea una mujer,  un hombre o que el invasor sea un hombre o una mujer. Lo verdaderamente llamativo es que algo tan lógico tenga que solicitarse desde una pegatina, en la que un muñeco -¿por qué no una muñeca?-, ocupa el asiento propio y parte de los otros dos. ¿Qué tiene que ver esto con el feminismo? Personalmente aplaudo la iniciativa de los dos colectivos feministas, me sumo a ella y hasta me agradaría que siguieran señalando obviedades que, por mal educados, solemos olvidar, porque la invasión del espacio del vecino no solo se da en los autobuses.

¿No se han encontrado nunca en un cine a un mastuerzo que, además de ocupar todo el reposabrazos que debe ser compartido, mete sus codos en los asientos laterales, se tiende en su butaca, abre las piernas  hasta casi ocupar tres asientos y eructa después de deglutir colas y palomitas? Pues que vayan preparando pegatinas porque ese homínido pertenece a una especie muy abundante. Lo mismo ocurre en las salas de espera de las estaciones de autobuses, en los hospitales, en los estadios de fútbol, en los aviones y hasta en los pasos procesionales, en los que ha habido trifulcas con tipos que querían el “tres por uno”.

¿Es también cuestión de decoro, de recato o de pudor? Puede, pero sobre todo lo es de educación y civismo y hemos de reconocer que el despatarre grosero y abusón es más propio en hombres que en mujeres, aunque no hay parto sin sangre. Hace unos días, en el aeropuerto París-Orly, frente a la fila de asientos en la que yo esperaba, una despatarrada, joven y físicamente agraciada, nos mostraba su sonrisa vertical, con las piernas grotescamente abiertas y sin parapeto textil para ninguna intimidad. O sea.

¿Pegatinas también contra los que se tienden en los asientos, dormidos o simulando que duermen, mientras otros usuarios permanecen de pie? ¿Contra los que consideran que su mochila tiene derecho prioritario de asiento? ¿Y los que se sientan al lado, con auriculares a tal volumen que se convierten en amplificadores de feria? ¿Los que comen pipas y escupen las cáscaras, los que comparten sus efluvios de axila, los que regalan sus olores corporales, la suciedad en la vestimenta? ¿Y los que se saltan las colas hasta en el híper…?

No debería ser necesario semejante recordatorio, pero como lo es, celebro la iniciativa y si eso es feminismo, en eso soy un feminista. Mira tú.
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sábado, 3 de junio de 2017

MENTIRAS DE PATAS CORTAS

                       La calma del encinar
                       MENTIRAS DE PATAS CORTAS


                                                       Tomás Martín Tamayo
                                                       tomasmartintamayo@gmail.com
                                                       Blog Cuentos del Día a Día


Se nos dijo que había sido urgente, vital para España y un acto de patriotismo,  descabalgar a Pedro Sánchez de la secretaría general de PSOE porque su objetivo comenzaba y terminaba en él mismo y que, para lograrlo, estaba dispuesto a apostar por los separatistas de Cataluña, abriendo rutas a los vascos, gallegos, canarios… Que Pedro Sánchez tenía un pacto secreto, que se había cegado y que, en un acto de responsabilidad patriótica, los barones socialistas, alentados por los felipes, guerras, bonos, corcueras, rubalcabas… tuvieron que cerrar filas para cortar de raíz los desmanes de quien no tenía otra meta que  la presidencia del Gobierno, al precio que fuera, incluso pactando con Podemos y cuarteando a España.

Se nos dijo que España no podía seguir con un Gobierno interino, incapaz de tomar decisiones que afectaban a nuestro futuro inmediato y nos costaba millones de euros diarios. Que estábamos desprestigiándonos a nivel europeo, perdiendo cotas de poder y representación. Que en los foros internacionales preguntaban y hacían burlas por nuestra situación, que de un país fuerte y respetado, estábamos pasando a ser el alfiletero de una UE en la que cada día éramos menos creíbles.

 Se nos argumentó que por encima del PSOE estaba España, que el “no es no” resultaba insostenible y que era urgente desbloquear una situación que nos llevaría a las terceras, cuartas, quintas… elecciones, mientras que el país se desangraba. El desastre era tan mayúsculo que el Gobierno interino no podía ni cambiar a los embajadores -¡gran tragedia!-  y que Rajoy se perpetuaría sumando interinidades después de cada consulta electoral, porque sondeos infalibles aseguraban que el resultado de las terceras, cuartas… elecciones no iba a cambiar la situación.

Se nos aseguró que en el PSOE tenían una alternativa infalible,  Susana Díaz,  ganadora nata,  cabeza política privilegiada y con un concepto de España que excluía cualquier veleidad separatista. Que solo ella podía afrontar el reto de sustituir al veleidoso porque, sin salir de Andalucía, ya tenía el 25% de los votos del partido, más otro 60% que arrastraba por su simpatía, trabajo y buen hacer. Vamos, la otra cara de la moneda, la amable y responsable, frente a un Pedro Sánchez, seguro perdedor  y capaz de entregar España a sus enemigos y arruinar al PSOE al mismos tiempo. ¿Y? Mentiras de patas cortas, maldita hemeroteca.
 
Se ha visto que Rajoy no necesitaba al PSOE para lograr su investidura, como no lo ha necesitado para aprobar los PGE, en los que, negociando con otros, ha logrado la mayoría absoluta. Que quitar a Pedro fue poner a Rajoy y que Susana, la ganadora nata, ha perdido frente al nato perdedor. Que Pedro Sánchez se ha posicionado contra los separatistas, ofertando al Gobierno un frente común para evitar una consulta ilegal y que ha desoído los cantos de sirena de Podemos, que le ofreció retirar su moción de censura y su candidato.

Se ha comprobado que la inquina de la baronía y de los poderes fácticos socialistas tenía su origen en que Pedro Sánchez no se dejó embridar,  no fue obediente ni sumiso y quiso mantenerse al margen de puertas giratorias y jarrones chinos. En que no aceptó ser el títere de la presidenta de Andalucía, ni escribir al dictado de medios de comunicación, empresas y multinacionales, que son el verdadero poder en la sombra.

 Hasta aquí lo que ha pasado y lo que pase mañana, mañana lo contaré.

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viernes, 26 de mayo de 2017

CINCUENTA AÑOS NO ES NADA

                              La calma del encinar
                       CINCUENTA AÑOS NO ES NADA




                                                        Tomás Martín Tamayo
                                                        tomasmartintamayo@gmail.com
                                                        Blog Cuentos del Día a Día


Ayer, cincuenta años después, nos reunimos en Badajoz muchos de los que concluimos la carrera de Magisterio en 1967. Celebramos la “promoción de oro” juntos, maestras y maestros, pese a que en aquellos años la separación por sexo nos situaba al margen y, como cantaba Esteso, “los niños con los niños y las niñas con las niñas” aunque, al menos en teoría, habíamos superado esa etapa y nos preparaban para impartir la docencia. La mayoría acabamos ejerciendo nuestra profesión.

 Alumnas y alumnos pertenecíamos a universos diferentes, separados por la frontera de una puerta que ni ellas ni nosotros osábamos cruzar.
En el edificio de la Escuela Normal de Magisterio, ocupábamos  alas distintas y poco o nada sabíamos  de lo que ocurría al otro lado de nuestro “telón de acero”, porque lo único común que compartíamos era la escalinata y la puerta de entrada. Creo que también el profesorado. Difícil de entender en una época en la que, en todas las facultades y escuelas universitarias, la enseñanza era mixta. Tampoco entendí nunca lo de “escuela normal”  porque no era una escuela y lo de normal… ¿Habría escuelas anormales?

Fue un encuentro gratificante. En muchos casos nos vimos compañeros desconectados desde hacía cincuenta años y que, pese a mantener por entonces una relación casi fraternal, habíamos distanciado nuestras vidas, porque la distancia, si no es olvido, se le parece mucho. Algunos no asistieron al encuentro, que en la “promoción de oro”  no es oro todo lo que reluce y los setenta que rondamos todos, tienen sus exigencias. Una docena  fallecieron y nos enteramos ayer, durante el recuento, porque al concluir nuestra carrera, el viento de la dispersión nos sopló hacia a mundos diferentes.

 Tampoco  pudimos invitar a ningún profesor,  la mayoría ya no están y los que están tampoco tienen ánimo de celebraciones. Pero los recordamos a todos, a los buenos, a los regulares, a los indiferentes e incluso a los malos, que de todo tuvimos y alguno “de marías”, nos dejó el ejemplo de lo que nunca debíamos ser como maestros. Otros, la mayoría, nos marcaron, nos enseñaron y nos han guiado durante todos estos años. Como maestros y como personas.

Hace cincuenta años teníamos la vida abierta y sin saber qué hacer con ella, porque al concluir nuestros estudios no nos dieron un manual de instrucciones. Era como subir en un ferial a un tren fantasma, ignorando en qué esquina nos aguardaría el escobazo, el susto o el vaso de agua fría. De todo hemos tenido. Entonces el primer dilema era qué íbamos a hacer con nosotros mismos y cómo atravesar un túnel tan largo, en un tren tan incierto y sin estaciones conocidas.

 En la cabeza y en el corazón se nos amontonaban miles de preguntas, para las que no encontrábamos respuestas. Ahora nos sobran las respuestas y lo que nos faltan son preguntas. Preguntas que tampoco  nos formulan porque, a nuestra edad, se nos considera al margen de toda interrogante.


Cincuenta años no es nada, apenas un soplo que nos ha achicharrado la piel del alma, dejando en nosotros las anillas de los árboles viejos, esos que miran el bosque desde arriba y que han aprendido a respirar y otear el horizonte, soportando las inclemencias del tiempo. No obstante, después del oro, hemos quedado en volver a juntarnos en 2042,  para cuando nuestra promoción se haga de platino. Seguro que para entonces volveremos a tener más preguntas que respuestas.

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