miércoles, 24 de diciembre de 2014

UNA DE ASESORES

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                                                         El son de los asombros
                                           UNA DE ASESORES
                                                          
                                                                 Tomás Martín Tamayo
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Ciento sesenta y dos asesores tiene Ana Botella en la alcaldía de Madrid, entre ellos una docena sin estudios primarios, pero que al parecer tienen mucha destreza a la hora de pegar carteles y hacer recados. En Extremadura el “verso loco” del PP es mucho más económico -por eso con su Visa se pagaba los viajes a Tenerife-, y solo dispone de una treintena de asesores de publicidad y propaganda y dos consejeros para asuntos propios, uno de ellos es el de Ocurrencias.  Treinta asesores no son pocos, Monago debe tener incluso quien lo asesore para sacudírsela, porque hay que echarle mucha imaginación para ocupar a tanta gente en parir chorradas. Aunque suene a coña, tiene incluso una “directora de discursos”, que a su vez tendrá un equipo discursil, que a su vez… Todos ellos coordinados por una perla importada desde el País Vasco. ¡Ay Dios, estos vascos tontos, que se dejan ir  a lo mejor que tienen!
 
 Los asesores cobran especial relevancia en momentos de declive y suelen acabar siendo tan influyentes que son los que deciden, quitan, ponen y remedian. Se denominan de forma diferente y se agrupan en entelequias llamadas “gabinetes”, bajo la batuta de un hechicero que, qué casualidad, casi siempre asesoró a algún presidente de EE.UU. Ninguno asesoró a un candidato que perdió las elecciones. No es nada nuevo, siempre hay necios dispuestos a comprar el bálsamo de Fierabrás, crecepelos, alargapichas y el elixir de la eterna felicidad. Validos o asesores siempre han pululado en los aledaños del poder para ejercer su impostura de forma torticera, aunque algunos, como los que solía usar Isabel II, solo asesoraban de cintura para abajo. Hitler tuvo a Goebbels,  Mussolini a Ciano, Stalin a Krivitsky, Monago tiene a Redondo. Al poder nunca le faltan verdugos, listillos, meretrices ni asesores.

 Tiberio también cayó en la tentación de ponerse en manos de un asesor, un susurrador como Lucio Elio Sejano, al que temían incluso los senadores porque disponía de vida y hacienda. Su poder era tal que recibía más regalos y agasajos que el propio emperador, al que consiguió incluso desplazar de forma indefinida hasta la isla de Capri, para poder lucir su poderío en la huérfana Roma. Pero como Tiberio era un tipo inteligente acabó con Sejano de forma muy “tiberiana”, atando su cuerpo a una cadena tirada por cuatro caballos que se relevaban cada dos  horas y que estuvieron durante tres días paseando su despojo por las calles de Roma… Calígula también tuvo un “malasombra”, Valerius, que ejercía de asesor para la economía del Imperio… Un día le demostraron que el tipo no tenía contacto alguno con los dioses, que se inventaba sus predicciones, que los astros no le decían nada y Calígula, que era muy ahorrador,  aprovechó una de sus visitas para saciar el hambre de sus perros. Desde entonces solo se dejó asesorar por Incitatus, su caballo. En eso acertó.

Este gremio no ha sucumbido porque cualquier cualquierilla que quiera aparentar tiene que tener asesores, siempre bajo la supervisión especial de un enreda como Valerius, Sejano, Ciano o Pedro Arriola, el mago de Rajoy, el chef manazas que tiene en la cocina para condimentar el plato del día y que prepara unos guisos tan indigeribles como el de su propia mujer, doña Celia, posiblemente la diputada, exalcaldesa y exministra más ordinaria de la España democrática. ¡Con qué esplendor luciría la Villalobos en un “torrente” de Santiago Segura! Pero hay asesores y asesorillos, porque hay personajes y personajillos. Aquí, con lo que tenemos ya vamos bien servidos y hasta puede que nos hayamos pasado.




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viernes, 19 de diciembre de 2014

MEDALLAS DE QUITA Y PON



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                             El son de los asombros
                         MEDALLAS DE QUITA Y PON

                                                          Tomás Martín Tamayo
                                                          tomasmartintamayo@gmail.com
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En un lugar de Extremadura, de cuyo nombre no quiero acordarme, tuve ha tiempo la osadía de oír requiebros agradecidos y acepté dar mi nombre a una calle. Grave error de juventud, tenía 35 años. Tres años después recibí un paquetito muy bien envuelto y esmeradamente lacrado, con colorido membrete del ayuntamiento y dentro de una caja de zapatos, una chapa, doblada como un folio, que al desdoblarla aún dejaba leer “Calle de Tomás Martín Tamayo, Escritor y político”. Si poco hice para merecer semejante honor, aún hice menos para desmerecerlo, pero cuando se mezclan política, fobias y filias, el cóctel no suele ser muy equilibrado. Con la placa doblada, que aún traía un taco de los que la habían fijado a la pared,  ni nota, ni explicación, algo que agradecí porque al menos no fueron hipócritas. Eso sí, me preocupé por conocer al que me había sustituido y si escasos eran mis méritos, nulos eran los del que ocupó mi lugar, que es seguro que se fue de esta vida sin saber que existía el tal pueblo, en la tal provincia, de un lugar llamado Extremadura. Incluso dudo que en un mapa mudo de Europa pudiera señalar con el dedo a España. Semos asina.

Bueno, pues han pasado los  años y allí sigue la calle del tal,  porque como no tulle ni mulle a nadie le estorba su nombre. “El problema es que su señoría no para quieto”, le espetó Sagasta a un diputado por Zamora, del Partido Liberal, que aspiraba a congraciarse con Alfonso XII para medrar. “Pasó usted de las alcobas de varias cortesanas a los aposentos de la reina con gran estruendo, y me temo que su nombre pueda estar en el listado que el rey tiene de todos los que aliviaron las sofoquinas a su augusta madre”. No es el caso exactamente, pero parecido, porque, medien sábanas y alcobas, o carácter y principios, “el que se mueve no sale en la foto”. Para mí, si es suya, es una de las pocas verdades atribuibles a Alfonso Guerra, que, salvando el abismo que media entre un “maquiavelo” sibilino como él y un patán con fusta, como el que por aquí tenemos, los dos tienen el mismo vicio: no decir la verdad ni para dar la hora. Es verdad universal que “el que se mueve no sale en la foto” y los que mejor plano consiguen en las fotos de familia del poder son los inertes, los expertos en ponerse de perfil y los de sonrisa bobalicona que parecen indefensos y no molestan. ¿Alguien está pensando en Rajoy? Un día me dijo Alberto Oliart: “Tomás, en política nunca han prescindido de nadie por no hacer nada”.

¿Recuerdan que entre las excelencias que pueden lucir sobre su pecho la Medalla de Extremadura está Monserrat Caballé? La diva catalana recibió el reconocimiento en 1989 tras haber cantado en el Teatro Romano, previo pago de su considerable caché y parece que por alguna gestión que hizo en favor de Extremadura o del preboste barbado del momento. Como somos así de catetos, medalla por todo lo alto, aunque  antes no  habíamos sabido nada de ella y después tampoco. Desde hace tiempo anda la Caballé en líos con el fisco, que le reclama un pastizal por haber burlado a la Hacienda española, fijando ficticiamente su residencia en Andorra, pero ¿han oído que pretendan retirarle la Medalla? ¡No, claro, que no! La Medalla se la retiran al extremeño Enrique Tornero, atleta paralímpico extremeño, medalla de oro y bronce en Atlanta 1996 y plata en Sidney, porque tiene problemas con la justicia, aunque de menor calibre que los de la Monserrat Caballé. Su verdadero problema, su verdadero delito, lo que no le perdonan, es que fue concejal socialista en Plasencia. Hay, me confirman, otros tres galardonados con la Medalla de Extremadura que han sido condenados por causas diversas, pero, como la Caballé, pueden seguir luciendo palmito con medalla, porque ellos no tienen relación pública con el PSOE y, por tanto, sus condenas y delitos son siempre de poca entidad para los ahora dueños del cacharral.

¿Por qué dieron mi nombre a una calle? En la explicación del acuerdo plenario municipal figuraba “diversas gestiones” a favor del municipio, que se habían materializado en salón multiusos, biblioteca y rehabilitación de dos aulas durante mi etapa como consejero de Cultura y Educación. Yo no he sido condenado por nada, pero, como en el caso de Enrique Tornero, si la merecí por algo ese algo sigue en pie. La perdí porque un día fui a un acto político y critiqué el despropósito que se estaba haciendo en un museo de la localidad. Vamos, que me moví y me sacaron de la foto, que para eso está el photoshop. A Enrique Tornero no hay quien le quite sus tres medallas olímpicas, que fueron la causa del reconocimiento, pero se ha quedado sin la Medalla de su tierra. La Caballé y los demás convictos la tienen garantizada de por vida, porque sus fechorías judiciales no ofenden a alguien tan exquisito y puntilloso en el uso de los fondos públicos como el verso loco del PP, viajero isleño y “pagaconciertos”. Incluso puede que él mismo, por sus demostrados escrúpulos,  la luzca algún día.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

PERICA

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                                                   El son de los asombros
                                                   PERICA
                                                   
                                                    Tomás Martín Tamayo
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La trajeron desde Chechenia, junto a seis hermanos, todos chihuahuas toys, todos enfermos. Los vi al pasar por el escaparate, tiritando, tristes, amontonados, dándose calor unos a otros y, como había hecho otras veces, entré movido por la solidaridad y conmiseración hacia todos los animales en general y hacia los perros de forma especial. Es un componente genético que ya venía en la leche que mamé de mi madre. Sabía entonces, pero no como ahora, lo que era perder un perro y no entré para comprar, solo para mirar y, como me conocían en la tienda, para abrir la puerta de la jaula y acariciarlos, prestándoles algo de calor y afecto. Los perros lo detectan todo y conocen la mano que los acaricia. Me dijeron que se trataba de una camada de siete cachorrillos que habían recibido la noche anterior, siguiendo un tortuoso camino de seis días, desde Grozni hasta llegar a Madrid, donde fueron a recogerlos. Estaban en una situación tan precaria que en principio se negaron a aceptarlos, pero el transportista amenazó con sacarlos de la jaula y dejarlos en una explanada para que se murieran de frío y, aún sabiendo que eran cachorrillos enfermos y que iban a perder el dinero, se los trajeron. Yo tuve la inmensa suerte de pasar por allí a las pocas horas de que llegaran a Badajoz.

Seis de los chihuahuas, todos machos, formaban una inquieta pelotita de pelo en el fondo de la jaula, subiéndose unos encima de otros, buscando el calor de un tubo de neón que colgaba del techo. La que después sería mi Perica, no participaba en la disputa, era la única hembra, la más pequeña e indefensa y estaba apartada, tendida, temblando cerca de la puerta. En su guía certificaban la habitual mentira de que tenían tres meses, pero posiblemente no llegarían ni a los 40 días. La saqué, me la puse a la altura del cuello y sentí su corazón acelerado, su nerviosismo y sus lametazos de agradecimiento. Hizo en mis manos una defecación maloliente y me explicaron que todos venían con diarreas y posiblemente deshidratados. Me limpié, abrí de nuevo la jaula y dejé a la perrilla en el mismo sitio, pero al cerrar la puerta lloró y no pude soportarlo. Volví a sacarla, la apreté contra mi pecho, dentro del abrigo, pagué lo que quisieron cobrarme, muy poco para el tesoro que me entregaban, y salí de allí con aquellos trescientos gramos de escasa vida, que temblaba de frío y emoción. La compré convencido de que se iba a morir, pero decidido a que muriera caliente y en mis brazos.

Fuimos directamente a una veterinaria amiga, que la exploró con esmero de alfarero: traía parásitos, deshidratada, con diarrea, sangre en las heces, una incisión en el cuello, hipoglucemia, hipotermia y con poco más de un mes de edad. Durante casi tres horas estuvo atendiéndola encima de una manta eléctrica y bajo una lámpara de calor que le quemaba las manos. Al salir de allí la puse en el asiento del copiloto y se quedó tendida, quieta y temblando, pero cuando le pasaba la mano movía la cola agradecida, levantaba la cabeza y gemía. En mi casa, al verse en un espacio grande y sin rejas, se orinó de miedo y corrió a protegerse debajo de un sillón, que tuvimos que levantar para poder sacarla… Tenía ganas de vivir y vivió, sus seis hermanos murieron en dos días. Era un manojillo de nervios, por eso, por “perica loca”, le pusimos Perica. Horas después de llegar me seguía por toda la casa con su andar casino y tambaleante, cayéndose y levantándose. Era evidente que no había andado nunca y que nunca había salido de una jaula. La acosté al lado de mi cama y estuve arropándola y acariciándola toda la noche, casi velándola. Por la mañana yo me levanté agotado y Perica, hecha un pincel, había levantado la cola y con autoridad tomaba posesión de toda la casa... Hasta el lunes pasado, tres años después, esa perrilla ha sido un miembro destacado de mi familia más cercana, parte de nuestra alegría y un acicate para nuestra vida. Sé que es algo que solo entenderán lo que tengan o hayan tenido un perro.

Perica fue siempre una perrita fuerte -caminaba siete kilómetros diarios-, pero consciente de su fragilidad, huía de los peligros, le daban miedo los autobuses y el sonido de las sirenas. Sabia y de mirada profunda, lo entendía todo, no hacía falta señalarle nada, ni levantar la voz. Si había incomunicación era por mi parte, porque ella siempre entendía. Me miraba a los ojos, adivinaba mi estado anímico y se alegraba y se entristecía conmigo, permaneciendo a mi lado, quieta y expectante. Y cuando yo salía me esperaba en la puerta durante horas. Entendía incluso las conversaciones audiovisuales y si oía voces conocidas aullaba como un lobezno. Le daban miedo los perros y buscaba a los niños, a los que provocaba correteando alrededor de ellos. Le gustaban los piñones, las nueces, los arándanos, las judías verdes, el queso, las fresas, las sandías…, y era incapaz de hacer sus necesidades en casa. Cuando tenía ganas, me buscaba y me lo insinuaba suavemente, como pidiéndome perdón. Nunca nos causó una molestia, jamás mordió ni rimpió nada, aún quedándose sola durante horas.

La dejé sana y contenta en una residencia canina de Badajoz, “El hogar del perro”, -maldita decisión- y 72 horas después me la devolvieron enferma de muerte… Se nos ha muerto Perica, la amiga, la confidente, la compañera... Si hay un lugar para los perros buenos allí estará ella y si existen los ángeles yo ya sé como son, pero a nosotros nos  ha dejado más solos, más desasistidos y con una pena muy honda por su ausencia. Algo tan fuerte que no mitiga ni su cálido recuerdo.


PD. A veces uno no puede aislar el dolor. Perdón por el desahogo.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

MIEDO ESCÉNICO

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                                       El son de los asombros
                                      MIEDO ESCÉNICO
           
                                                   Tomás Martín Tamayo
                                                   tomasmartintamayo@gmail.com
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No me extraña que Pastora Soler haya decidido abandonar su carrera como cantante, por el pavor que le produce subirse a un escenario. Frank Sinatra, poco antes de morir, declaró un miedo escénico que no había logrado superar en sus más de sesenta y cinco años de profesión, pisando casi a diario escenarios, platós y estudios cinematográficos. Julio Iglesias, más de lo mismo, dice que cuando sube a un escenario no sabe qué hacer con las manos, aunque finalmente ha conseguido con ellas un signo de identificación personal. Muchas veces le oí decir a Adolfo Suárez que una de las cosas que no lograba superar era el miedo escénico y que lo que suele llamarse “baño de multitudes” para él suponía un verdadero calvario, porque solía bloquearse y notaba que la nuca le sudaba… 

El miedo escénico suele ser una respuesta anímica de respeto y responsabilidad y es difícil encontrar a alguien, con un mínimo de sensibilidad, que haya logrado erradicarlo de forma definitiva. Después de 20 años en la escena política, yo logré aminorar el miedo escénico con trucos que se dan en cualquier curso de comunicación, como es concentrarse, híper ventilar, ignorar, no ver, no oír y mirar al fondo, buscando siempre la complicidad con el vacío. Tengo más de mil intervenciones en la tribuna política y, a base de esfuerzo y método, era de los pocos que conseguía hablar sin leer, porque el recurso de forzar la memoria me obligaba a un esfuerzo de concentración, que me servía para aislarme. En sus memorias Winston Churchill apela también a la retentiva para superar las dificultades del escenario. A veces, sintiéndose implícitamente aludido, algún diputado me preguntó que por qué lo había mirado insistentemente durante mi intervención y yo siempre respondía que porque lo había visto muy atento, aunque la verdad es que lo había mirado pero no lo había visto. 

 La tribuna parlamentaria es siempre incómoda, sobre todo para los que la respetamos, conscientes de que aquel atril exige no solo una intervención preparada a conciencia, sino la obligación de discrepar y defender los argumentos sin caer en la mentira. Un diputado puede envolver su verdad, puede disimular y facturar su disertación con más o menos énfasis, pero no puede mentir porque mentir en la tribuna de la Asamblea es mentir a la soberanía que representa y el que lo hace se deslegitima. Y si además es el presidente de la Junta, se hace, por su indignidad, acreedor del desprecio del pueblo al que dice representar. Algunos, después de tantos años y tantos vuelos y viajes, creen que en política todo vale y que la mejor defensa es un buen ataque de distracción, encenagando el parlamento con mentiras y amenazas veladas. Son los que están sin tener que estar y los que representan sin tener que representar, los que han llegado sin haber renunciado a la autocracia y al socaire de una democracia que en el fondo desprecian y vilipendian con sus negaciones y mentiras. Qué grima oír a un responsable político cayendo en el “yo, yo y yo”, creyéndose el “capitán Trueno” y con el único argumento como defensa de “más eres tú”.

 En los países donde la democracia es un principio en lugar de un recurso, mentir en los parlamentos está considerado como la mayor de las corrupciones. Y en esas estamos. Todos tenemos derecho a defendernos, pero al subir a la tribuna parlamentaria nos estamos dirigiendo al pueblo que representa y mentir en ella es una prueba evidente de deslealtad. Los “eschangabailes” que han arribado a Extremadura para vender ocurrencias políticas como si fueran microondas, deberían pasar antes por un curso de primeros auxilios democráticos. Maricarmen podía reírse de Rodolfo, el león amanerado, y hacer mentir a la traviesa Daisy, pero el que mueve los hilos de nuestra gran marioneta, no debe confundir el parlamento extremeño con Orejilla del Sordete, el pueblo de Doña Rogelia. Aunque no sea extremeño y le importe muy poquito Extremadura -sabedor como es de que en seis meses se habrá ido para no volver-, debería ser más comedido. No con el necio al que mueve la boca, pero si con la Extremadura que lo oye. Escucharlo es otra cosa.

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viernes, 28 de noviembre de 2014

TONTOS TALLA XXXXXL


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                                      El son de los asombros
                                      TONTOS TALLA XXXXXXL
                                                              Tomás Martín Tamayo
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Se necesita ser idiotas, papanatas y de mollera blandengue para, contra toda norma de decoro, prudencia y cortesía, montar el numerito y abandonar los escaños del Parlamento Europeo, para escenificar una protesta por la presencia en la tribuna del Papa Francisco. Han sido los y las cantamañanas de Izquierda Plural, es decir, Izquierda Unida y sus variables regionales, seis necios talla XXXXXXL, todos ellos españoles, entre los 751 diputados de los 28 estados que integran la Unión Europea. Ni siquiera el día de la solemne sesión inaugural hubo en el hemiciclo europeo  tantos diputados, e incluso diputadas comunistas de otros países, con baja maternal, acudieron ese día para escuchar al Papa, pero para dar la nota allí estaban los seis contestatarios de la Izquierda Plural española, buscando su momento de gloria. Pudieron optar por la ausencia, -como hicieron otros eurodiputados-, pero prefirieron dejar constancia de su gloriosa existencia y por primera vez el mundo mundial se percató de que allí estaban ellos, los más íntegros y coherentes de la Unión Europea. Hasta el pasado martes, no se conocía ninguna iniciativa por parte de la media docena, dos ellos y cuatro ellas, que con el numerito de la espantada lograron entrar en todos los informativos europeos. ¡Ya han justificado el sueldo para toda la legislatura!

El Papa Francisco, incluso para los que no andamos muy allá con la Iglesia, ni con ningún otro credo, es un referente de dignidad, sencillez y firmeza y lo mínimo que merece es que se le escuche. No era obligatorio el aplauso unánime, ni ponerse en pie, como hicieron  tras oír su intervención. No se exigía el asentimiento plenario sobre las cosas que dijo y ni siquiera era necesario seguir su intervención por los auriculares que traducían su mensaje. No se exigía nada, ni ir, ni escuchar, ni asentir, pero había una exigencia de base que es la educación, el respeto y la vergüenza. ¿A qué fueron los seis de marras que, eso sí, por montar el espectáculo, cobraron ese día la dieta completa? Más de 17.000 euros mensuales nos cuestan cada uno de ellos, a los que habremos de agradecer que se tomaran la molestia de viajar desde España a Bruselas para poder salir, en plan indignados, cuando el Papa iniciaba su intervención.

 Es posible que el Papa no reparara en que, nada más subir a la tribuna, por un lateral de la sala, seis la abandonaban ante la mirada perpleja de todos los demás, incluidos comunistas,  socialistas  y radicales europeos de todo pelo y condición. También los temidos Podemos estaban allí para escuchar el mensaje,  y Pablo Iglesias no tuvo inconveniente en demostrar por Twitter su admiración por la figura del Papa y su identificación con el mensaje que acababa de oír. Después de la espantada se ha esgrimido genéricamente el recurso de que España sigue siendo diferente, sin reparar que seis trasnochados no representan a un país que hace mucho que superó la barrera de los antagonismos decimonónicos. La última intervención del Papa en la Eurocámara fue en 1988 y el martes pasado, con un personaje tan entrañable y singular como el Papa Francisco, era un buen momento para evidenciar respeto incluso hacia los postulados con los que algunos se llenan la boca, porque el Papa no se fue por las ramas a la hora de denunciar los desajustes sociales.

 ¿Qué fue lo que no quisieron escuchar los seis de IU? Toda la intervención del Papa Francisco fue como un aldabonazo a favor de los más necesitados, pero me atrevo a señalar algunos fragmentos:

-No se puede tolerar que millones de personas mueran de hambre mientras toneladas de alimentos se desechan cada día en nuestras mesas.
-Los grandes ideales que inspiraron Europa parecen haber perdido fuerza a favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones.
-El ser humano corre el riesgo de ser reducido a mero engranaje y, cuando su vida ya no sirve a dicho mecanismo, se le descarta sin reparos, como los enfermos terminales, los ancianos o los niños asesinados antes de nacer.
-No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio.
-En las barcazas que llegan a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda.
-Una de las enfermedades más extendidas es la soledad.
-Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos.
-Al menos que los derechos individuales se sometan armónicamente al bien mayor, estos acabarán por concebirse como ilimitados y llevarán al conflicto y a la violencia.
-Es la hora de promover políticas para el empleo, pero también aquellas que le den dignidad…

Nada de esto les interesaba a los seis eurodiputados de la Izquierda Plural, ellos fueron para hacerse notar. Y se les notó.
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jueves, 20 de noviembre de 2014

MONAGO, CADA DÍA MÁS PERDIDO

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                                  El son de los asombros
                                  MONAGO, CADA DÍA MÁS PERDIDO
                                                                   Tomás Martín Tamayo
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El autodenominado “verso suelto o barón rojo del PP” va de mal en peor. Como  pollo sin cabeza, cada día más perdido y alejado de un sentido común básico que lo empecina en cuadrar un círculo, en el que está cayendo como si fuera una fosa sin fondo. Por el bien de todos debería pararse, deberían pararlo. Esta semana he mantenido varias conversaciones con un amigo que suele estar en la pomada de lo que ocurre, de los qué y de los porqués y ninguno de los dos entendíamos que tanta torpeza encadenada no estuviera programada, no persiguiera un fin concreto, que se nos escapaba. ¿A qué se debe este harakiri mediático de Monago, saltando del coro al caño, con una verborrea tan rematadamente estúpida? ¿Tan iluso es como para creer que puede hacernos ver que su aparatosa desnudez la cubre con manto de armiño? Incluso su lenguaje corporal proclama a gritos que es un “trolas”, pero sigue empecinado en considerar que todo el mundo es idiota y que él es el faro que ilumina el universo, (Yo, yo, yo, el señor Monago, este presidente que les habla, yo, yo…) cayendo incluso en el concepto fascista de creer que el que lo ofende nos ofende: “Cuando me atacan, también lo están haciendo al pueblo de Extremadura”. ¡Qué desnorte, qué empanada mental, qué pena que alguien así esté donde él está!

Es tan torpe lo que está haciendo que cuesta aceptar que no está programada tanta idiotez y, por ser generosos, algunos incluso pensamos que guarda un conejo en la chistera, porque es imposible hacerlo tan rematadamente mal sin un propósito definido. Todos, tal vez menos Monago, hemos visto su deriva hacia una grandilocuencia grotesca de rico nuevo, sus subrayados ridículos en discursos que lo mismo podían leerse de principio a fin que de fin a principio y muchos hemos señalado con el dedo al rasputin que maneja sus bridas como un rejoneador las de su caballo. ¿Sigue el consejero de Ocurrencias siendo el artífice de una estrategia tan carente de sensatez? Si es así se ha convertido en un peligro, no ya para Monago sino para toda Extremadura. El que ataca a Monago no ataca a Extremadura, pero es evidente que los ridículos de Monago los esparce como el  hipopótamo sus excrementos y nos afectan, porque todos quedamos en ridículo, no con él, pero sí por él.

Lo que en principio fue un problema menor, no ilegal, de moral o ética personal -conceptos ambos con excesivas interpretaciones-, Monago lo ha convertido con sus estrafalarias puestas en escena, en un problema de credibilidad que lo está dejando desasistido en Extremadura, en España y si sigue así traspasará fronteras para acabar en el DRAE: “Monagada: empecinamiento, pertinaz testarudez para intentar cambiar la realidad con soflamas de autocomplacencia”. Pudo reconocer lo evidente y aceptar humildemente el error, cerrando en horas este interminable suicidio político, pero su soberbia y egolatría lo han llevado a una espiral en la que ya lo que menos importa son los vuelos para sus asuntos personales. Si por ellos podía seguir,  -un poco renqueante, claro- ya no tiene otra opción que la de irse, para no hacerse más daño, para no perjudicar más a Extremadura y para no arruinar a su partido. En el PP, me consta, hay mucha gente sensata y, con excepción de los que están en la mamandurria, para todos sería un alivio cerrar este capítulo que saben los está cercenando electoralmente. Los cierre de filas, los aplausos y los apoyos incondicionales son como flores para los muertos, que sí, que qué pena, pero que nadie quiere en casa. Nadie, excepto Juana la Loca, quiere a un muerto en su mesa.
 
En su obnubilación, Monago no es consciente de que se ha convertido en un “hombre-risa” y que su verborrea de mercadillo el auditorio la enmarca en el “club de la comedia”. Ha comenzado a hacer gracia y ya es un capítulo de la chistografía nacional. ¿Puede seguir así los seis meses que restan de legislatura? Está tan aferrado al cargo que creo que él sí puede, pero ¿puede Extremadura? PSOE, IU (que por fin, ya veremos, se ha caído del caballo), y los regionalistas de Crex-Prex, están obligados a entenderse para buscar fórmulas que abrevien esta agonía. Mantener ahí  a Monago es hoy un lujo que no pueden permitirse y que Extremadura no se merece. Que no se quejen mañana si el electorado les dice “pudisteis y no lo hicisteis, ahora nosotros Podemos”.

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viernes, 14 de noviembre de 2014

SOSEGAOS, SOSEGAOS, MONAGO

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                                   El son de los asombros
                                  ¡SOSEGAOS, SOSEGAOS, MONAGO!
                                                                     Tomás Martín Tamayo
                                                                     tomasmartintamayo@gmail.com
                                                                     Blog Cuentos del día a día



Se cuenta que en las audiencias mensuales que concedía Felipe II, algunos llegaron casi al infarto y tenían que ser atendidos en la antecámara real. Otros, la mayoría, después de meses de espera, eran incapaces de exponer al monarca los motivos que los habían llevado ante él. Eran tan frecuentes los atropellos en la exposición de sus demandas, que Felipe II no lograba entenderlos ni con la ayuda de traductores locales e intentaba tranquilizarlos, acompañándose con las manos con un “¡sosegaos, sosegaos!” que se hizo famoso. Falta nos hace a todos un poco de sosiego, que en el diccionario de sinónimos se dice que es calma, serenidad, tranquilidad, quietud, paz, placidez, reposo, relajación, moderación, silencio… El affaire viajero de Monago a Tenerife ha dejado al descubierto el atropello del protagonista que, pese a la treintena de asesores de tonterías y otros menesteres, no ha sido capaz de articular un discurso mínimamente coherente más allá del que le prestaban unas lágrimas que movían más a la conmiseración que a la comprensión.

Ayer mismo, el propio Monago, consciente de sus atropellos y meteduras de pierna presidencial, volvía a aparecer, esta vez con más envolturas que una alcachofa, para después de besarse durante veinte minutos, aclarar algo que hace sonreír incluso a los más ilusos: No fueron 32 los viajes que hizo a Tenerife, sino solo 16. Y punto, todo lo demás pienso para los crédulos y desprevenidos. Ahora, eso si, da el nombre de un senador con el que al parecer se vio alguna vez, aunque los demás no sepan nada del trabajo que hacía el incansable viajero a favor de sus islas. Pues bueno, si antes solo teníamos la información de un medio, ahora tenemos una certificación oficial, firmada por el letrado mayor, que dice que Monago pasó al Senado 16 viajes o 32 vuelos. ¿Ego te absolvo?

¿Cuántas veces he escrito en mis columnas que la cohetería barata que le preparaban en la consejería de Ocurrencias, no tenía más eficacia que la de atronar los oídos del personal? Monago, lo repito una vez más, no tiene un gabinete de comunicación, sino un equipo de ocurrentes sin más capacidad que la de epatar al personal con juegos malabares, tragafuegos y trileros de mercadillos. Ese popurrí es el que nos ofreció ayer.  Más que un retén de bomberos, capaces de abordar un gran incendio, lo que tiene es un “rasputín” que lo atolondra con idioteces, rodeado de aprendices a los que ha dotado con pistolitas de agua, incapaces de apagar una cerilla.

Mentir bien no es fácil, aunque se tenga una consolidada experiencia y, para interpretar hace falta mucho ingenio y un buen guión. Aquí han fallado los dos pilares y lo que iba para tragedia, ha devenido en tragicomedia, porque si malo es el actor, peor es el libreto y aún peor el elenco de acompañantes. En algo que exige delicadeza y mesura ¿se le puede dar protagonismo a Manzano, pintoresco presidente de la Asamblea, empeñado en recitar su particular canto de Segismundo, “triste de él, mísero de él…”? ¿Se puede representar el papel de justiciero del oeste americano un día, el de contrito y confeso al siguiente y el de hombre evidencias después? ¿Se puede vestir el esperpento desnudando al partido, al grupo del Senado, a los portavoces, a la secretaria general del PP y al presidente del Gobierno? ¿Es sensato arroparse en el manto de los privilegios clasistas, mientras otro, como el dimisionario diputado por Teruel, por los mismos motivos, pero con menos razones, es obligado al destierro? Y, con la que está cayendo dentro y fuera de Extremadura, ¿puede un responsable político escurrir el bulto porque sus vuelos pasen de 32 a 16? ¿Hasta 16 está bien?


Torpeza a la torpeza, se evidencia, una vez más, que algunos, en su soberbia y engreimiento, dan evidentes muestras de que consideran tontos a todos los demás. ¿Tenía salidas Monago para desmentir lo que se había afirmado? El digital hizo su trabajo, supongo que basándose en una información que ha resultado fiable, y que desde luego no está residenciada donde el viajero piensa, excepto en el número de kilómetros recorridos, pero Monago, emulando al gran Houdini, ha pretendido un escapismo a la desesperada, aunque no le voy a negar habilidad para desviar la atención y, al paso, convencer a los predispuestos. ¡Falta le hace una larga temporada en el rincón de pensar!

viernes, 7 de noviembre de 2014

PODEMOS Y MONAGADAS

                            El son de los asombros
                        PODEMOS Y MONAGADAS
                                                      Tomás Martín Tamayo
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Los de Podemos lo tienen complicado para llegar a las autonómicas de mayo solo con la marca y el logo, y aún más difícil para llegar a las generales, después de haber pasado por el trance de las autonómicas. Silbar y esperar que los demás sigan cometiendo errores, que los jueces continúen deteniendo a corruptos agazapados y que el deterioro de los partidos (casta), siga pendiente abajo no parece suficiente programa alternativo que, de momento, solo es un círculo, un nombre y dos o tres caras televisivas. ¿Pueden mantener el tipo durante todo este tiempo entreteniendo al personal con toqueteos preliminares,  sin concretar ni llegar a mayores? Francamente no lo creo porque incluso los funambulistas más expertos se agarran a la barra de equilibrio para superar las corrientes de aire. Monago ya ha adelantado su disposición a pactar con Podemos, pero voy a intentar escribir de cosas serias y dejemos las monagadas de “altos vuelos”. Vamos a imaginar escenarios posibles.

Supongamos que Podemos sortea todas las dificultades y logra llegar a mayo sin grandes sobresaltos, que logran entrar en ayuntamientos importantes y en la práctica totalidad de los parlamentos autonómicos y que con las minorías del PSOE y PP son ellos los que tienen que decidir. Como suele decir Jaime Álvarez-Buiza, “ahí es donde la cochina tuerce el rabo”. Centrémonos en Extremadura. Si IU desaparece y PSOE y PP se alejan de los 33 escaños que garantizan la mayoría absoluta, el complemento para lograr la investidura y hacer gobierno será Podemos. Es decir, el mismo panorama que en las elecciones anteriores, pero poniendo a Podemos donde estaba Izquierda Unida. ¿Qué harán, con cual de los dos partidos, PP o PSOE, se “contaminarán”?

Si apoyan al PSOE, permitiendo la investidura de Vara, o comprometiéndose activamente en el gobierno junto al PSOE, -que sería lo más responsable y comprometido-, vincularán la marca cara a las elecciones generales, algo que no entra en la estrategia nacional de Podemos que, de momento, municipios y autonomías son un incordio que no saben muy bien como sortear.

¿Pueden dejar que gobierne Monago? Sería permitir que gobernara también la “casta”, agravada en este caso por ser casta de derecha y con el desastre de una gestión de pandereta a sus espaldas. Además, la última monagada, poniéndose divino de la muerte contra “las alcantrillas” de la corrupción, mientras es incapaz  de dar una explicación coherente a sus  32 vuelos a Tenerife, pagados por el Senado, lo dejan muy achicharrado. Mientras más tonterías argumentan menos argumentos demuestran. El  consejero de Ocurrencias está haciéndole a Monago una impagable labor de desgaste y si el PSOE fuera agradecido debería enviarle una cesta por Navidad. Si Podemos, por acción u omisión, deja gobernar a Monago/PP, debería desdecirse de todo lo que han dicho de IU en general y de Escobar y Nogales en particular. Esta hipótesis, sabiendo además las consecuencias electorales que ha tenido para IU apoyar al PP, la veo prácticamente descartable.
 

Si con Vara es difícil, con Monago resultaría imposible, porque esa opción descalabraría a Podemos de cualquier posibilidad cara a las elecciones generales, a no ser que en el horizonte de Pablo Iglesias esté coaligarse con Rajoy. Con el declive sostenido del PP y del PSOE,  Podemos puede conseguir 16 diputados, mínimo exigido para poder presentar candidato alternativo a la presidencia de la Junta, con lo que votarían a su candidato, dejando a PSOE y PP en una complicada disyuntiva, porque si ninguno de los dos lo apoya, ni se apoyan entre sí, acabaría siendo investido el más votado, pero forzado a gobernar en solitario y con una minoría tan notable que haría imposible la gobernabilidad de Extremadura. Vara ya ha dicho que si no consigue la presidencia se va, pero Monago tiene la ventaja, y el inconveniente, de ser un relativista que no cree en nada ni en nadie y, por tanto, puede aceptar cualquier reto para mantenerse visible y seguir impartiendo lecciones magistrales de decencia política, como la de los 32 vuelos a Canarias. Ay.

Si Podemos no logra los 16 diputados necesarios para optar a la presidencia de la Junta, puede apoyar a Vara, pero dejándolo gobernar en solitario porque Pablo Iglesias no quiere contaminar la marca antes de las elecciones generales, con lo que el panorama sería complicado… ¿Mi predicción? Habrá elecciones autonómicas anticipadas, que es lo que le conviene a Podemos, posiblemente coincidentes con las generales, donde Pablo Iglesias, a costa de todos los demás, jugará su baza… Pero esta es ya otra historia.


viernes, 31 de octubre de 2014

BLOQUEAR AL NECIO

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                                         El son de los asombros
                                         BLOQUEAR AL NECIO

                                                               Tomás Martín Tamayo
                                                               Blog Cuentos del día a día
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Las redes sociales, como la vida misma, ofertan un ramillete variopinto de situaciones y personajes que generalmente no aportan nada, pero a veces, entre tanta maleza que no sirve ni para paja de adobes, surge el ingenio, la chispa, un fogonazo aislado que compensa la espera y el ojeo de tanta idiotez y tanta pasarela. Hace poco seguí una discusión en Twitter entre dos. Uno, columnista y contertulio y otro, periodista titulado y en paro. Según sus entendederas, hay mucho intrusismo y son los periodistas los que deben opinar en los medios, tertulias y redes. El columnista concluyó la diatriba de forma espectacular: “Mira, afamado, periodista, te, lo voy, a escribir, con las comas, mal, puestas, para, que, al leerlo, te creas, que, eres, Jesús, Hermida”. Se acabó la discusión. Por Face aparece con frecuencia una lucecilla admirable, Magdalena de la Fuente, que regala píldoras como estas: “Al nacer lloramos mientras nuestra familia sonríe a nuestro lado, tal vez sonreímos al morir y nadie se da cuenta porque todos están llorando”. O esta: “Hoy me van a mirar los ojos y la cabeza por dentro, qué susto se van a llevar como encuentren la carpeta donde guardo lo que pienso”. Estas espigas sueltas justifican la permanencia.

Pero las propias redes, que conocen lo que circula por sus venas, facilitan al usuario una herramienta “antinecios” muy eficaz: el bloqueo. Reconozco que me he resistido a utilizarla durante mucho tiempo, pero comencé a usarla en contadas ocasiones, hasta que le he cogido gusto a la teclita y ya no hay gilipolla que me dure dos días. No discuto, doy un aviso suave y el bloqueo inmediato me ahorra todo lo demás. Ya sé que los necios siguen ahí, que como no tienen nada que ofertar aúllan a la luna y que, con absoluta seguridad, seguirán echando espumarajos por la boca, pero el bloqueo es tan eficaz que en un segundo dejan de existir y se convierten en gritos en el desierto. Hoy he repasado a mis 108 bloqueados y con algunos he tenido que hacer un esfuerzo para acordarme porqué acabaron en el cajón negro, que así de eficaz es el invento. Ahora llevo meses bloqueando, casi a diario, a gilis de una opción política concreta, que confunden el diagnóstico con la enfermedad. Es como el enfermo que se cabrea con el médico porque le dice que tiene cáncer.

Mis opiniones, que son públicas, están a disposición del que quiera seguirlas, incluso a toro pasado, porque yo mismo ofrezco en mi blog la hemeroteca abierta para que se comprueben mis aciertos y mis errores, que son muchos. Si digo que va a llover y acierto en la predicción del tiempo, es poco sensato que se enfaden conmigo los que se van a la playa  y no puedan salir del apartamento. ¿Soy yo el culpable de que llueva? Tampoco si alguno se queda en casa porque habiendo dicho que va a llover, sale el día soleado… ¿Que a qué viene todo esto? Intentaré explicarlo. Anímense porque comenzar a bloquear es como empezar a comer pipas.
 
Al inicio de la legislatura, me pareció valiente la decisión de IU de ponerse de perfil y dejar que gobernara la lista más votada. Y así lo escribí en cinco artículos consecutivos. Pero, pasado un tiempo, se comprobó que, además de lo aparentemente sensato de dejar gobernar al más votado, estaban, por acción u omisión, apoyando a Monago en decisiones aberrantes, guardando silencios, justificando políticas vomitivas y permitiendo que se gastaran en juerga lo que se necesitaba para pan. Y los doce “mandamientos” consensuados entre PP/IU se redujeron a uno: “vamos a pasarlo bien y el que venga detrás que se joda”. Uno, Víctor Casco, ha sido un quiero y no puedo; el jovenzuelo Escobar en plan divo (guitarra incluida), frívolo hasta la risa, degustando con glotonería sus momentos de gloria mediática… ¡Cómo se gusta el figura! Y el tercero, Nogales,  – ¡qué decepción!- dirigiendo la orquesta y haciendo figuritas de Monago junto a Cristina Jejeje, para adornar el portalito, mientras ocultaba los privilegios fachas de sus deudas con una entidad financiera. La compenetración entre PP/IU (léase con una sonrisa), amigovios según la RAE, ha sido tal que lo que comenzó siendo una posición neutra, concluyó en pareja de hecho, facilitando al PP  una mayoría absoluta de 35 diputados. El propio Monago lo agradeció públicamente: “Gracias a IU nunca me he visto en minoría absoluta”. ¡Otra más del duende escribidor de ocurrencias!


Ahora, porque vengo avisando de que esta singular deriva arruinará cualquier posibilidad electoral de IU, el clan y aledaños se sienten perseguidos y me odian sin tapujos. Para no oírlos, los he encerrado en la habitación oscura, adelantándome al bloqueo que les va a dar el electorado en las urnas dentro de unos meses. ¡Igual tengo yo la culpa de que ellos tengan la brújula escacharrada! ¿Que siguen chillando? Sí, pero yo no los oigo.

viernes, 24 de octubre de 2014

SIGUE, LA JUERGA SIGUE

                                 El son de los asombros
                                 SIGUE, LA JUERGA SIGUE
                                                               Tomás Martín Tamayo
                                                               tomasmartintamayo@gmail.com


La Junta de Extremadura, Gobex para los ocurrentes, convocó oferta pública para 306 plazas en turno libre de personal laboral, pero el Tribual Superior de Justicia de Extremadura ordena la paralización del proceso porque incumple normas básicas del convenio colectivo. ¿Qué sentido tiene empecinarse en mantener la convocatoria de unas oposiciones cuestionadas por el TSJE?  Es un “erre que erre” tan esperpéntico que, para encontrar alguna razón lógica, hay que pensar en un interés concreto por parte de la Junta, más allá de una necesidad apremiante para cubrir esas plazas. Hay quien sostiene que esas 306 plazas tienen nombre y apellidos, pero aunque el interés de la Junta fuera tan torticero, resulta que ni el propio consejero de Administración Pública se atreve a garantizar que los primeros exámenes puedan realizarse antes de mayo, mes de las próximas elecciones autonómicas.

¿Están seguros de ganar las elecciones y por eso mantienen la convocatoria o están seguros de perderlas y precisamente por eso se empecinan en seguir adelante? En este caso, que es el más probable, sería una forma de dejar la administración “minada” de propios al que asumiera la responsabilidad del gobierno en la siguiente legislatura. Algo tan alambicado y delirante que cuesta creer, a pesar de saber que en el autollamado “gobierno de los mejores” todo es trompetería electoral, cohetería barata y que está en manos de un personajillo que se dedica a vender relojes vacíos y con las agujas pintadas sobre el cristal. Aún no teniendo sondeos electorales de solvencia que puedan aportar hoy una tendencia fiable, parece poco probable que la conjunción de los astros Monago-Escobar pueda repetirse dos veces en cuatro años. Lo normal, dentro de lo anormal que a veces resulta la política, es que Monago pague un alto precio electoral por sus desvaríos ideológicos y ocurrencias de “tienda cien”, y que IU, de la mano de su actual coordinador regional, tenga serias dificultades, incluso para lograr el 5% de los votos necesarios para optar al reparto.

¿Tiene sentido haber ido de machitos en la contención del déficit en el presupuesto anterior y mostrar 12 meses después esta “cagalera” despilfarradora, superando incluso las cotas de la prudencia? Ir de “guay”, enmedallando a Extremoduro y gratificándole con 100.000 euros para que nos promocione en sus giras, es tan estrafalario e inútil como darle 25.000 euros a Huecco para que haga lo propio en su periplo por Sudamérica, donde solo tiene garantizada una actuación. ¿Se mitiga nuestra agónica situación de paro quemando casi un millón de euros para codearse en una noche de Ceres con la farándula, mientras se da carpetazo a la promoción de las artes escénicas propias? Sigue, la juerga sigue y va a continuar hasta el último día de esta feria, porque ya, a la desesperada, se han quedado sin tiempo para cambiar un rumbo gilipollezco que nos ha dejado en alta mar y con mar picada a todos los extremeños, mientras ellos, los novios y sus invitados, siguen brindando con champán en el camarote del capitán. En apenas unos meses la parejita tendrá que conformarse viviendo del recuerdo y acudir al melancólico “con lo que yo he sido…” Después se lamentarán de que no los supimos entender o, lo que es peor, que no supieron comunicar sus bondades.


La última bondad es anunciar un aeródromo en Cáceres, con una inversión de cuatro millones y medio de euros, mientras amenaza con cierre el aeropuerto de Badajoz. ¡Menos mal que hemos logrado subir a lo más alto del cajón, haciendo de Cáceres la capital de la gastronomía!  Hasta puede que parte de esas exquisiteces gastronómicas lleguen a los comedores sociales, porque en todos los banquetes nupciales hay sobras.

viernes, 17 de octubre de 2014

MAÑANA OFRECE MARTIN TAMAYO PUNTUALIZACIONES SOBRE EL SUICIDIO DE FELIPE TRIGO

eldiario.es/eldiarioex/blog.

Martín Tamayo dará mañana nuevos datos sobre el suicidio de Felipe Trigo

Mesa redonda en Villanueva de la Serena en torno al médico, militar y escritor extremeño
17/10/2014 - 13:1
Se cierra mañana sábado en la ciudad natal del escritor Felipe Trigo, Villanueva de la Serena, la VII edición de los Encuentros de Estudios Comarcales que cada año organiza Siseva, la federación de asociaciones culturales de La Serena, La Siberia, Vegas Altas. Un encuentro que este año coincide con el 150 aniversario del nacimiento de Trigo, figura sobre la que se centrará el contenido.
A las siete de la tarde, en el teatro Las Vegas, habrá una mesa redonda titulada ‘Visiones sobre Trigo. 150 años’, bajo la dirección de la periodista villanovense Nieves Moreno; durará en principio hora y media e intervendrán Tomás Martín Tamayo, escritor y colaborador de eldiario.es Extremadura, e Isabel Román; esta última es profesora titular de Literatura Española (siglos XIX y XX) en la Universidad de Extremadura, y ha sido vicedecana de la Facultad de Filosofía y Letras.
Tamayo va a dar datos “novedosos” sobre el suicidio de Felipe Trigo, médico rural, militar y escritor, en 1916 en Madrid cuando tenía 52 años.


EL SUICIDIO DE FELIPE TRIGO

                                  El son de los asombros
                             EL SUICIDIO DE FELIPE TRIGO
                                                                        Tomás Martín Tamayo
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A las once y diez, del sábado 2 de septiembre de 1916, una detonación, procedente de la planta baja de Villa Luisiana, estremeció a toda la familia de Felipe Trigo, el médico, militar y escritor villanovense. Desde diferentes estancias de la lujosa casa, con fachada a las madrileñas calles de Arturo Soria y Sánchez Díaz, su esposa e hijos confluyeron ante la puerta del despacho, que estaba cerrada por dentro. Después de llamar insistentemente, con ayuda del servicio lograron entrar un atornillador entre las dos hojas, forzaron la madera a la altura de la cerradura y consiguieron entrar… “¡Fueron cinco minutos de tormento!”, en expresión de su hijo Félix. Sesenta años después su hija Luisa, médico como él, aún recordaba el olor a pólvora que impregnaba la estancia. Todos entraron en tropel, pero mientras los demás miraban desconcertados, ella se arrodilló ante el cuerpo de su padre, tendido boca abajo en medio de un gran charco de sangre y le tomó el pulso: “¡Vive, está vivo!”.

Felipe Trigo llevaba semanas trabajando intensamente en la que sería su novela póstuma, “Murió de un beso”, que dejó casi concluida. Aquel sábado, durante el desayuno, rechazó la propuesta de sus hijas, Julia y Consuelo, para ir a ver la respuesta de los lectores a  “La novela corta”, que salía aquella misma mañana con una entrega de “La altísima”, que se había publicado en 1907. Se disculpó diciendo que tenía mucho trabajo y todos se quedaron. El escritor, antes de comenzar a trabajar y como hacía todas las mañanas, salió a pasear al espacioso jardín con sus perros, después entró en la casa, recorrió todas las dependencias y se encerró en su despacho. Consuelo recordaba que su padre se había recortado la barba con esmero  y que bajó a desayunar perfumado, animoso y dispuesto a dedicar todo el sábado a la trama final de “Murió de un beso”. Todos sabían que era un escritor compulsivo, que cuando tenía una idea la volcaba inmediatamente en el papel, porque apenas tomaba notas ni corregía. En quince años llegó a publicar diecisiete novelas y se sabe que alguna, como “Jarrapellejos”, la escribió en un mes. Ningún escritor de su época podía competir con Felipe Trigo en fecundidad y en ventas, y no se conocen muchos casos en la literatura universal de autores capaces de acumular una considerable fortuna en tan poco tiempo, con una muerte tan prematura y habiendo comenzado casi a los cuarenta años. De todo esto hablaremos hoy en su pueblo.

 Trigo, nació en Villanueva de la Serena el 13 de febrero de 1864, en el seno de una familia acomodada. Su padre era ingeniero. Cursó el bachillerato entre Villanueva de la Serena y Badajoz y el preparatorio y la carrera de medicina lo hizo en Madrid. Estos inicios en la capital los relata en su novela “En la carrera”. Madrid le abrió los poros literarios a un Felipe Trigo que buscaba una forma directa para expresarse, aunque por aquellos lejanos días parecía que se decantaba por el artículo periodístico. Conseguida su licenciatura, con 24 años, comenzó a ejercer como médico en Trujillanos, un pueblo pequeño, cerca de Mérida. En “El médico rural” describió las dificultades y el aislamiento de un joven médico, como él, acostumbrado al bullicio intelectual madrileño y con aspiraciones de reconocimiento más allá de la medicina. De Trujillanos pasó a Valverde de Mérida y cansado de las limitaciones, viendo el futuro excesivamente constreñido para sus aspiraciones, superó las oposiciones de Sanidad Militar y logró plaza en Sevilla, donde retomó su vocación como articulista. Dos años después es destinado a Trubia, un pueblo asturiano y desde allí solicitó irse voluntariamente a Filipinas, de donde volvió mutilado y aclamado como héroe, tras haber sobrevivido a una sublevación en la que recibió siete machetazos. A los 36 años y con el grado de teniente coronel, abandonó el ejército para dedicarse por completo a la literatura. Es posible que los primeros brotes de la neurastenia ya estuvieran presentes.
 
“¡Vive, está vivo!”. El grito de Luisa rompió la quietud del momento y entre todos lo subieron a un diván del salón contiguo al despacho, mientras ella se empeñaba en taponar la brecha que había abierto el pistoletazo, con entrada por la sien derecha y salida por la región occipital. Sobre la mesa, con la pluma abierta y usándola como pisapapeles, dejó Felipe Trigo su despedida: “Perdonarme todos, yo estoy seguro de que nada os serviría más para prolongar algunos meses vuestra angustia viéndome morir. Pensar que en esta catástrofe fue motivo el ansia loca de crearos alguna posición más firme. ¡Perdonarme, perdonarme, Consuelo mártir mía, hijos de mi alma! Si mi vida fue una equivocación fue generosa. Con la única preocupación vuestra por encima de todos mis errores. Que sirva esta mi voluntad de testador para declararos herederos míos de todos mis derechos. Perdón. Felipe Trigo”

Dos horas después fallecía el escritor más prolífico y seguido del momento, un inconformista de libro, carismático, rebelde y contestatario, que escribía con pasión, que decía lo que pensaba, que nunca se alineó con nadie y que sufrió el desdén y la censura desde todos los frentes. El joven militar que lo dejó todo para dedicarse a la literatura, parecía en sus inicios tener todas las preguntas y buscaba las respuestas. Dieciséis años después tenía las respuestas pero le faltaban las preguntas. El pistoletazo en aquella apacible mañana de sábado fue su última interrogante. Su actitud personal, haciendo gala de una independencia atípica para el momento, lo enfrentó a poderosas jerarquías, que concluyeron por silenciarlo en una amañada historia de la literatura española, con la inútil pretensión de ocultarlo. Diecisiete novelas, veinticuatro novelas cortas, cuentos, ensayos y artículos lo reivindican. De los idiotas que lo negaron no se acuerda nadie.