lunes, 7 de noviembre de 2011

UN BLANCO PERFECTO


Espero no ofender a nadie al rememorar aquí un mal chiste racista: “¿Qué es un negro en medio de una gran nevada? ¡Un blanco perfecto!” Podíamos aplicar el mismo humor negro a la peripecia del todavía ministro de Fomento, José Blanco, expuesto, en medio de una gran nevada mediática, a las balas de todos los francotiradores, por su presunta implicación en una corruptela. Don Pepiño me cae fatal y nada más verlo aparecer en pantalla busco la ayuda del mando a distancia para librarme de él. Me parece un repipi de libro, cursilón y vano, sin más cimentación académica e intelectual que la que presta el poder a todos los iletrados, pero, como he defendido en otras ocasiones (imputación de la ex alcaldesa de Plasencia), debemos esperar la sentencia de un juez. Una denuncia no es más que el inicio de un largo proceso y la mayoría de las veces concluye sin condena alguna para el denunciado.

PSOE y PP deberían llegar a un acuerdo para no zurrarse la badana cada vez que salta la liebre de una denuncia por corrupción. Conozco a gente admirable, que acabaron con su carrera, con su posición social, con su familia e incluso con su vida, por una denuncia aireada con redobles de tambor, que finalmente concluyó en un reconocimiento de su inocencia. La Justicia es lenta y una sentencia, aunque sea absolutoria, no puede reparar el desprestigio de mucha gente de la que hemos hecho “un blanco perfecto”. Recordemos el caso reciente de la atleta Marta Domínguez. En José Blanco se concitan muchos intereses políticos y muchas ganas personales, pero creo que ni a él se le puede negar la presunción de inocencia. Hasta que un juez no determine la veracidad de la denuncia, no creo que merezca mucha fiabilidad lo que diga, a priori, un imputado por delito fiscal, blanqueo de capitales, fraude, cohecho, falsedad en documento mercantil, alzamiento de bienes… ¡El tipo es una joya! Don Pepiño también.

Es verdad que las hemerotecas son testigo de las tropelías de José Blanco, que no ha desperdiciado ocasión para morder yugulares por hechos más insignificantes que el suyo, pero también es verdad que don Pepiño no es el modelo a seguir. De todo lo que ha trascendido, incluido el pago de los 400.000 euros, lo único que acepta José Blanco es que conoce a su acusador y que es cierto que en una ocasión se citó con él en una gasolinera, donde lo recogió en su coche oficial. Puede resultar rarito ese encuentro, con visos de clandestinidad, entre un ministro y un empresario que no se caracteriza por sus escrúpulos, pero de ahí a cargar la fusilería mediática contra el ministro, en las proximidades de unas elecciones generales...

Estos brotes no surgen de forma espontánea, como las amapolas, y la coincidencia temporal con una cita electoral, como el esperado comunicado de ETA, añade un plus de desconfianza, porque todos tenemos muy presente la precisión en el tiempo del atentado del 11-M, tres días antes de las elecciones generales… ¡Ufff! ¿Por qué no nos dejarán votar sin zozobras?

No hay comentarios: