viernes, 2 de enero de 2009


JUAN DE LA CRUZ
EXTREMADURA 24 HORAS, martes 30 de diciembre de 2008
Juan de la Cruz
El enigma de Poncio Pilatos, de Tomás Martín Tamayo
E24h - 30/12/2008

Tomás Martín Tamayo representa uno de los nombres más serenos e inquietos a la vez, si se me permite la contradicción, dentro del panorama literario de Extremadura y que desde su juventud, entre otras inquietudes, se lanzó a la aventura de escribir. Con numerosas publicaciones en su haber ahora se abre a una nueva dinámica en su proyección con una historia novelada.


Para llevar a cabo esa incursión ha elegido una figura tan profunda y sorprendente en su propio misterio como la de Pilatos, que llegó a ser prefecto de la provincia romana de Judea, y a cuyo recorrido en el proceso histórico va dando forma literaria bajo un titulo significativo como es el de El Enigma de Poncio Pilatos. Un trayecto novelado que Tomás Martín Tamayo lleva a cabo con ese sentido del rigor expositivo, documental, argumental, de interés y de dinamismo que preside la obra a través de unas páginas en las que el autor deja clara constancia de su dominio de la figura de Pilatos sabiendo desarrollar el mayor interés y sensibilidad literaria para que el lector avance en su incursión sobre la propia trayectoria del protagonista. A través de una amplia capacidad de investigación y de recreación, mediante una selección de fuentes alrededor de la vida, las acciones, el recorrido y las decisiones de Poncio Pilatos, Martín Tamayo, con un cuidado y esmerado lenguaje, un selecto hilo argumental y un recorrido puesto en primera persona, en la figura de Amasio Quilio, primer secretario de la prefectura de Cayo Poncio Pilatos, va avanzando, paulatina, detenida, profundamente, en los pormenores y en la obra de una de las figuras más representativas del mundo que pasó a la historia por entregar a Jesús al pueblo hasta llegar a su crucifixión entre grandes sufrimientos tras el interrogatorio al que le sometió el propio y debil Pilatos.


Con una gran capacidad de hilvanar esquemas orientativos, aportaciones personales, esencias históricas, descripción de ambientes, situación de personas, escenas de relieve como una película de gran magnitud literaria, Tomás Martín Tamayo ha ido hilvanando la que, probablemente, se configure como su mejor y más profunda obra con ese ejercicio de una dedicación excepcional al rigor del camino de Pilatos. Para ello se ha rodeado de una serie de fenómenos conceptuales de una significativa hondura en el escenario de los pasos de Jesús. Sobre todo, si se quiere, en toda una cuidada serie de hilos y de aspectos que poco a poco, con relieve, subliman al lector con los pasos de Poncio Pilatos. Martín Tamayo se ha volcado con un engranaje de fecundidad creativa, de aportación al sentido histórico de Pilatos, hasta desgranar su propia esencia. Lo que lleva a cabo, desde el papel ya reseñado de Amasio Quilio, que aumenta, de forma paulatina, en intensidad, analítica, descriptiva y dramática.


Todo un proceso verdaderamente significativo, con un lenguaje que recorre los segmentos de la obra con un realismo que, en ocasiones, conociendo la vida de Pilatos, produce esa impresión vertiginosa hasta que se llega a los momentos cumbres que hilvanan la vida del protagonista con la de Jesucristo. Para ello, con un lenguaje contuntente, dramático y lleno de vida y de muerte, Martín Tamayo se incrusta en ese capacidad y fuerza narrativa que desgarra en lo más profundo de su fuerza novelística. En unos momentos en que se discuten tantos momentos y acontecimientos históricos, Martín Tamayo abre paso, con una mágica soltura literaria, a un personaje que va vistiendo y desvistiendo con el ropaje literario más enriquecedor, sencillo y profundo animando al lector de modo constante a avanzar en la intriga del desenlace final de la obra novelada. Páginas de la historia que figuran en el panorama de las letras extremeñas con esa simbiosis de quien ha tenido la capacidad de saber abordar y elaborar, con un perfecto trazado, un camino que nace en la investigación, en la inquietud y hasta en la perspectiva por la que se desliza el recorrido de Poncio Pilatos. Con personajes al medio como Calígula, José de Arimatea, María, Augusto o la transcencendencia e importancia de los sacerdotes del Sanedrín, Martín Tamayo ha llegado a elaborar una radiografía de Pilatos como solo podría escribir y radiografiar su propio secretario, conocedor de todos sus movimientos, actitudes y aptitudes.


Con una prosa clara, contundente, reflexiva y bien cohesionada el autor nos lleva a ese desenlace final del enigma de Poncio Pilatos con una especie de transmisión de su dimensión humana y en cuya vida quizá, si se analiza con rigor, destaca una frase que genera la culminación de la obra de Martín Tamayo: Pilatos era un hombre derrotado, con la amargura tallada en su rostro cuando decidió partir hacia lo desconocido con Claudia Prócula, su hija y un reducido grupo de sirvientes.

No hay comentarios: